Irina Palm y Claude Chabrol caldean la Sección Oficial
Poco a poco la muestra sevillana va alcanzando el tono, a la espera de los últimos trabajos de Fatih Akin, Jirí Menzel y Jacques Rivette
Carlos Leal
Tras unos inicios algo titubeantes, la Sección Oficial del Festival de Cine Europeo de Sevilla parece estar encontrando su tono. A las notables aportaciones de Ken Loach y Dror Shaul el pasado domingo se suman ahora la tragicomedia inglesa Irina Palm y el nuevo trabajo del infatigable Claude Chabrol, Una chica cortada en dos.
Yendo por partes, Irina Palm es una rara avis dentro del panorama de una sección oficial de un festival de cine, y eso que ya compitió en la Berlinale a principios de año. Rara porque asume abiertamente estrategias propias del cine comercial (sólo desde la genericidad puede justificarse su final, tan inesperadamente optimista), sin resultar por ello en absoluto un producto desdeñable.
Narra Irina Palm la historia de Maggie, una viuda británica (interpretada por una correcta Marianne Faithful) que, para pagar las facturas de la enfermedad de su nieto, decide entrar a trabajar en un club de alterne masturbando a los clientes a través de un agujero en la pared. Un argumento que en principio promete un dramón moral a la europea pero que su director y guionista Sam Garbarski va reconduciendo al terreno de la comedia con trasfondo social a medida que Maggie va dejando de lado sus prejuicios y (al igual que el protagonista de la finlandesa Man's Job, vista en la sección Europa_Europa) asume su función como trabajadora del sexo, como funcionaria de ventanilla del orgasmo. Y aunque se puede argumentar que esta transición (del realismo social inicial a la lógica propia con la que discurre la segunda mitad del filme) tiene algo de manipulación, está rodada con la suficiente habilidad y pericia narrativa como para hacer a Irina Palm un título si no brillante sí al menos muy disfrutable.
Por su parte, Una chica cortada en dos supone el regreso al Festival de Sevilla del veterano Claude Chabrol, que ya ganó el Premio Especial del Jurado en la edición de 2006 con Borrachera de poder. Su nuevo trabajo continúa, en clave de comedia negra, la disección de las élites intelectuales y sociales de la Francia de provincias a través de la historia de una joven atrapada entre su amante (un escritor de éxito maduro que la trata con desdén) y su pretendiente (un rico heredero de una gran fortuna, caprichoso e inmaduro). Y aunque observamos con inquietud que al igual que ocurría en Borrachera de poder la parodia peca en ocasiones de excesivamente gruesa, sobre todo en cuanto concierne a un Benoît Magimel muy pasado de vueltas, lo cierto es que a sus 77 años Chabrol tiene ya una veteranía y una elegancia tras la cámara que hacen que Una chica cortada en dos -sin llegar al nivel de La flor del mal o La dama de honor- se vea con agrado e interés.
Completa el panorama de la Sección Oficial la portuguesa A outra margem, de Luis Filipe Roucha, una bienintencionada historia de amor en los márgenes entre un transexual de vuelta de todo y un niño con síndrome de Down.
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