| Pero,
la parte más dura y difícil de la carrera de Wang,
su reto más evidente, ha sido llegar a asimilar la cultura
estadounidense hasta el punto de producir películas sin
sello étnico y, curiosamente, es uno de los pocos directores
que lo ha logrado a todos los niveles, encargándose tanto
de cintas de tono comercial como de películas consideradas
de culto.
Su
primera película “americana”, el thriller
erótico Slamdance (1987), con Tom Hulce y Mary
Elizabeth Mastrantonio, fue un estrepitoso fracaso de crítica
y público. Tendría que esperar hasta 1995 para redimirse
con un filme que se cuenta entre las mejores adaptaciones literarias
de los últimos años. Smoke (1995) supone
la primera aventura de Wayne Wang de la mano del escritor Paul
Auster, quien se encargó de escribir el guión y
colaboró con el director en las tareas de realización.
Esta historia descreída y cotidiana, que recrea magníficamente
el espíritu de las novelas de Auster, ha supuesto el mayor
éxito de del realizador hasta la fecha.
Wang y Auster repitieron la experiencia de forma
mucho más relajada en Blue in the face (1996)
en la que el abigarrado catálogo de personajes de Smoke
desfilaba en un juego espontáneo frente a las cámaras,
representando escenas deshilvanadas y declamando las notas que
Auster escribía sobre la marcha y que Wang rodaba sin unos
parámetros demasiado estrictos. La colaboración
entre ambos aún dejaría otro título El
centro del mundo (2001), un drama erótico escrito
por Auster directamente para el cine. En esta ocasión,
la película fue acogida con frialdad tanto por el público
como por la crítica estadounidense, hasta el punto de que
aún no se ha estrenado en muchos países, entre ellos
España.
En cualquier caso, gracias a estas dos películas,
Wang logró sacudirse la etiqueta de director “chino”
y hasta sus manos llegaron proyectos mucho más variados,
que le han permitido ir aumentando gradualmente el tono comercial
de su cine al tiempo que engordaba su cuenta corriente. Desde
el “thriller” La caja china (1997) con Jeremy
Irons y Gong Li hasta Quédate conmigo (1999),
un drama generacional madre-hija en el que Natalie Portman y Susan
Sarandon trataban de comprenderse mutuamente.
Sin
embargo, la apuesta más netamente comercial de Wayne Wang
llega ahora a las pantallas españolas: el cuento de hadas
Sucedió en Manhattan (2003) una moderna versión
del cuento de la Cenicienta en el que Jennifer Lopez y Ralph Fiennes
reviven con un tono más conservador la odisea de Richard
Gere y Julia Roberts en Pretty Woman. El proyecto le
llegó después de que directores como John Hugues
lo abandonarán y Wang, para bien o para mal, ha escogido
esta cinta como el paso que le faltaba para su completa adaptación
al cine americano. Bienvenido a Hollywood.
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