Texto: David Montero
Fotos: Archivo

 

 

 

Entre Hollywood y Hong Kong

El estreno de Sucedió en Manhattan nos devuelve a Wayne Wang, un director que se mueve entre la tradición China y los Estados Unidos

Wayne WangSegún le gusta contar a él mismo, el destino de Wayne Wang lo determinó su padre, antes incluso de que él naciese. En un momento del embarazo, imaginó que si tenía un chico le llamaría exactamente igual que su actor norteamericano favorito: John Wayne. Desde luego resultaba una extravagancia que, en China, sólo podía darse dentro de los márgenes de Hong Kong, una ciudad atípica a medio camino entre la tradición milenaria y el exceso norteamericano. La abigarrada y extraña ciudad de Hong Kong reflejaría más tarde mejor que cualquier otra metáfora la trayectoria del realizador Wayne Wang, una carrera de trazos esquizofrénicos, empeñada en comprender lo que une y separa a chinos y norteamericanos.

El primer contacto directo de Wang con la cultura estadounidense que tanto admiraba su familia se produjo durante su etapa como alumno en el College of Arts and Crafts de California, donde estudió cine, fotografía y algo de pintura. Al parecer, en esos días era un joven inquieto y curioso, que planeaba lograr trabajo como realizador y quedarse en los Estados Unidos. Sin embargo, tras sus estudios, no logró acostumbrarse de forma definitiva al país y regresó con su familia a Hong Kong. Fue allí donde recibió su primer encargo cinematográfico como asistente del director Robert Clouse para rodar unas escenas de la cinta de acción The Golden Needles, protagonizada por Joe Don Baker. A esto siguieron algunas colaboraciones televisivas de menor importancia, que comenzaron a dibujar un duro futuro como en el mundo de la televisión, haciendo series de encargo; algo que quedaba muy lejos de lo que Wang siempre había soñado: hacer sus propias películas.

Su segundo viaje a Norteamérica ya lo hizo con una idea en mente, una historia que recogiese de alguna forma tanto sus propios problemas de adaptación a los Estados Unidos como su admiración por este país. Tras muchos problemas para reunir un escaso presupuesto de 22.000 dólares, Wang estrenó Chan Is Missing (1982), una cinta de acción con aires de comedia chusca acerca de dos delincuentes que rastrean Chinatown en busca de un misterioso personaje que se ha esfumado con 4.000 dólares. El éxito fue inmediato. La cinta destacó entre las películas independientes de la temporada y la crítica reconoció el trabajo de Wang destacando que Chan Is Missing iluminaba muchos de los problemas de los chinos nacidos en Estados Unidos en su lucha por adaptarse a la sociedad norteamericana contemporánea.

Cartel de El Club de la Buena EstrellaTambién su segundo trabajo se inscribe en la misma línea, aunque en esta ocasión más allá de los márgenes del cine de género, explorando los cambios que habían tenido que afrontar las familias chinas que inmigraban a Estados Unidos. Dim Sum. A little bit of Heart (1984) también se desarrollaba en San Francisco, aunque en esta ocasión para retratar la historia de una anciana inmigrante china y su hija, a la que quiere casar según las tradiciones antes de morir. Es la línea más conocida del cine de Wayne Wang: el drama familiar y personal en los márgenes de una familia china cuyos valores ancestrales se encuentran en crisis. Buena muestra de ello son Eat a Bowl of Tea (1988), sobre los matrimonios de conveniencia, y sobre todo El Club de la Buena Estrella (1992) la adaptación de la novela homónima de Amy Tan que supuso la entranda definitiva de Wang en la industria de Hollywood.

   

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