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Pocos géneros son tan típicamente
estadounidenses como el western. Ya desde la época
del mudo el cine norteamericano optó por proyectar sus
historias de dimensión épica en un lugar y un tiempo
muy concretos: la conquista del Oeste. De este modo, Hollywood
trasladaba al cine llevándola a su máxima expresión
una corriente de la cultura popular estadounidense con una larga
tradición teatral y literaria, que abarca desde los espectáculos
de Buffalo Bill hasta las novelas de James Fenimore Cooper.
Sin
embargo, curiosamente un género tan propio de la cultura
americana como el western fascinó desde un principio
a los espectadores europeos, hasta hasta el punto de que algunos
directores del viejo continente decidieron dar su propia visión
sobre el tema. Nace así el euro-western o spaghetti
western, que tiene sus primeras manifestaciones a principios
de la década de los 10. Así, en 1913 el padre de
Sergio Leone, Vincenzo, dirigió la primera película
del Oeste rodada en Italia. Años después, su hijo
daría un nuevo auge a un género que para los americanos
había caído en el olvido tras el colapso del Hollywood
clásico.
Corría por entonces la década de
los 60 y el cine estadounidense buscaba desesperadamente nuevas
vías temáticas y expresivas para agradar al público.
Mientras, en Europa Sergio Leone trataba de sacar adelante una
versión de la película de Akira Kurosawa Yojimbo
ambientada en el lejano Oeste. Tras un sinfín de problemas
y dificultades, Leone contrató a un actor por entonces
poco conocido y con más experiencia en televisión
que en el cine: Clint Eastwood.
El
resultado no fue otro que Por un puñado de dólares (1964),
película que sienta las bases de una aproximación
al western completamente diferente, incorporando a la tradición
fílmica estadounidense elementos de la italiana e incluso de la
japonesa. De este modo, en los spaghetti western de Sergio
Leone hay una fuerte presencia de la ironía, con personajes
propios de la picaresca inmersos en situaciones épicas.
Además, el motor de la historia es siempre el dinero, por
más que éste a la larga no sirva para nada. También
incluye el cine de Leone un sentido del honor muy italiano, así
como un cierto anticlericalismo propio de la tradición
latina.
El propio Sergio Leone profundizó en esta
misma dirección en sus dos siguientes largometrajes, que
junto a Por un puñado de dólares componen
la denominada "trilogía del dolar". Se trata
de La muerte tenía un precio (1965), cuyo título
original era "por algunos dólares más",
y El bueno, el feo y el malo (1966). En ambas películas
contó con Clint Eastwood y Gian María Volonté, protagonistas
de Por un puñado de dólares, a los que se
sumó el estadounidense Lee Van Cleef.
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