Texto: David Montero
Fotos: Archivo

 


 

 



Decálogo Rohmer

Con más de ochenta años, Eric Rohmer regresa a las pantallas con La inglesa y el duque, un drama histórico rodado en formato digital

Hasta la fecha, Jean-Marie Maurice Scherer ha utilizado tres seudónimos diferentes. El primero de ellos, Gilbert Cordier, lo inventó en 1946 para publicar su primera y única novela, "Elizabeth". Años más tarde se disfrazaría como un tal Dirk Peters con el único objeto de firmar algunas imágenes de Berenice. Sin embargo, el más conocido de sus nombres falsos lo eligió a principios de los cincuenta, cuando aparecieron sus primeros artículos en las páginas de La Gazette du Cinéma: Jean-Marie Maurice Scherer no es otro que Eric Rohmer. Las razones por las que se obstinó en esconderse tras estos seudónimos siguen siendo hoy un misterio, como lo es la mayor parte de su vida privada. Algunos aventuran que quiso evitarle a su madre el disgusto de saber que su hijo se dedicaba al cine; otros afirman que su único fin era separarse de su hermano Rene, un activo militante de la causa homosexual. Rohmer, encerrado en su dura coraza, nunca ha dicho una palabra sobre el tema, dejando su intimidad y su biografía envuelta en un sinfín de brumas.

Cartel de La inglesa y el duqueSin embargo, su mutismo en este tipo de cuestiones se ha visto compensado con una desmedida actividad como teórico, crítico y cineasta a lo largo de buena parte del siglo XX. La carrera de Eric Rohmer en el mundo del cine debe inscribirse dentro de la nouvelle vague francesa, de la que fue destacado representante. También fue director de la prestigiosa publicación Cahiers du Cinéma donde compartió espacio con realizadores como Jean Luc Godard o Claude Chabrol, guionistas como Barbet Schroeder o estudiosos como André Bazin. La arquitectura conceptual que Rohmer ganó a lo largo de aquellos años es el principal asidero de su cine, hasta el punto de que su obra se ha forjado en gran medida atendiendo a criterios de coherencia interna que han hecho de Rohmer un cineasta poco habitual, seguidor de una serie de principios férreos.

1. La verdad ante todo. Es una convicción general, de las más profundas, que atraviesa toda la filmografía de Eric Rohmer: la búsqueda de la objetividad. Su filosofía es la de no engañar al espectador bajo ningún pretexto, evitando otorgar demasiada importancia a procesos esencialmente cinematográficos, como el montaje, o mostrando en la pantalla conflictos cercanos a la realidad de los actores que los escenifican. Esta premisa determina la creación del filme en todas sus fases, desde la escritura del guión hasta la elección de los espacios para el rodaje. En el caso del realizador francés, su afán de realidad roza los límites de la obsesión. Una de sus anécdotas más conocidas cuenta que esperó durante varios meses, hasta el 25 de diciembre exactamente, para rodar las escenas principales de Mi noche con Maud que se desarrollan el día de Navidad.

2. El autor debe mantener el control total sobre la película. Para Rohmer la objetividad no significa la anulación del cineasta. El papel del creador es fundamental y sólo a él le corresponde controlar hasta el más mínimo detalle de su filme. Para ello es necesario que se instruya en todos los saberes que tengan que ver con su trabajo (iluminación, montaje, sonido).Nada se abandona a la improvisación. Los actores no pueden aportar una sola palabra por si mismos y si tienen alguna precisión que hacer sólo Rohmer puede decidir al respecto.

París, una constante en el cine de Rohmer3. Un filme barato significa libertad. Desde los inicios de su actividad como cineasta, el realizador galo ha abogado por abaratar al máximo sus filmes, contando para ello con productoras propias o de amigos que le liberasen de la necesidad de fijarse en la taquilla. Su debut Le Signe du Lion en 1959 fue producida por Claude Chabrol y supuso un sonoro fracaso. Posteriormente, fue otro de sus amigos, Barbet Schroeder, quien le dio cobertura con su empresa, Les Films du Losange. Algo más tarde, algunos éxitos le permitieron fundar su propia compañía, CER (Compagnie Eric Rohmer). En los últimos años, ha llegado a reducir su equipo de rodaje a muy pocos colaboradores. Algunas veces, como ocurrió en Pauline en la playa, las actrices tuvieron que coser sus propios vestidos con la finalidad de ahorrar gastos.

4. Para realizar un buen filme es necesario sacrificarse. Uno de sus colaboradores habituales, el director de fotografía español, Nestor Almendros, definía así la actitud de Rohmer durante un rodaje: "Suspende todas sus actividades normales. No come, no duerme, no atiende a sus familia, ni a sus amigos. En estado casi de trance creativo, sus fuerzas están enteramente dedicadas a la obra que está realizando. La energía y actividad que despliega son sobrehumanas. Como es natural, una dedicación e intensidad semejantes en el trabajo son recompensadas por un fervor unánime en todos sus colaboradores".

   

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