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Hasta la fecha, Jean-Marie Maurice Scherer ha utilizado
tres seudónimos diferentes.
El primero de ellos, Gilbert Cordier, lo inventó en 1946
para publicar su primera y única novela, "Elizabeth".
Años más tarde se disfrazaría como un tal
Dirk Peters con el único objeto de firmar algunas imágenes
de Berenice. Sin embargo, el más conocido de sus
nombres falsos lo eligió a principios de los cincuenta,
cuando aparecieron sus primeros artículos en las páginas
de La Gazette du Cinéma: Jean-Marie Maurice Scherer
no es otro que Eric Rohmer. Las razones por las que se obstinó
en esconderse tras estos seudónimos siguen siendo hoy un
misterio, como lo es la mayor parte de su vida privada. Algunos
aventuran que quiso evitarle a su madre el disgusto de saber que
su hijo se dedicaba al cine; otros afirman que su único
fin era separarse de su hermano Rene, un activo militante de la
causa homosexual. Rohmer,
encerrado en su dura coraza, nunca ha dicho una palabra sobre
el tema, dejando su intimidad y su biografía envuelta en
un sinfín de brumas.
Sin
embargo, su mutismo en este tipo de cuestiones se ha visto compensado
con una desmedida actividad como teórico, crítico
y cineasta a lo largo de buena parte del siglo XX. La carrera
de Eric Rohmer en el mundo del cine debe inscribirse dentro de
la nouvelle vague francesa, de la que fue destacado representante.
También fue director de la prestigiosa publicación
Cahiers du Cinéma donde compartió espacio
con realizadores como Jean Luc Godard o Claude Chabrol, guionistas
como Barbet Schroeder o estudiosos como André Bazin. La
arquitectura conceptual que Rohmer ganó a lo largo de aquellos
años es el principal asidero de su cine, hasta el punto
de que su obra se ha forjado en gran medida atendiendo a criterios
de coherencia interna que han hecho de Rohmer un cineasta poco
habitual, seguidor de una serie de principios férreos.
1. La verdad ante todo. Es una convicción
general, de las más profundas, que atraviesa toda la filmografía
de Eric Rohmer: la búsqueda de la objetividad. Su filosofía
es la de no engañar al espectador bajo ningún pretexto,
evitando otorgar demasiada importancia a procesos esencialmente
cinematográficos, como el montaje, o mostrando en la pantalla
conflictos cercanos a la realidad de los actores que los escenifican.
Esta premisa determina la creación del filme en todas sus
fases, desde la escritura del guión hasta la elección
de los espacios para el rodaje. En el caso del realizador francés,
su afán de realidad roza los límites de la obsesión.
Una de sus anécdotas más conocidas cuenta que esperó
durante varios meses, hasta el 25 de diciembre exactamente, para
rodar las escenas principales de Mi noche con Maud que
se desarrollan el día de Navidad.
2. El autor debe mantener el control total sobre
la película. Para Rohmer la objetividad no significa
la anulación del cineasta. El papel del creador es fundamental
y sólo a él le corresponde controlar hasta el más
mínimo detalle de su filme. Para ello es necesario que
se instruya en todos los saberes que tengan que ver con su trabajo
(iluminación, montaje, sonido).Nada se abandona a la improvisación.
Los actores no pueden aportar una sola palabra por si mismos y
si tienen alguna precisión que hacer sólo Rohmer
puede decidir al respecto.
3.
Un filme barato significa libertad. Desde los inicios de su
actividad como cineasta, el realizador galo ha abogado por abaratar
al máximo sus filmes, contando para ello con productoras
propias o de amigos que le liberasen de la necesidad de fijarse
en la taquilla. Su debut Le Signe du Lion en 1959 fue producida
por Claude Chabrol y supuso un sonoro fracaso. Posteriormente,
fue otro de sus amigos, Barbet Schroeder, quien le dio cobertura
con su empresa, Les Films du Losange. Algo más tarde,
algunos éxitos le permitieron fundar su propia compañía,
CER (Compagnie Eric Rohmer). En los últimos
años, ha llegado a reducir su equipo de rodaje a muy pocos
colaboradores. Algunas veces, como ocurrió en Pauline
en la playa, las actrices tuvieron que coser sus propios vestidos
con la finalidad de ahorrar gastos.
4. Para realizar un buen filme es necesario
sacrificarse. Uno de sus colaboradores habituales, el director
de fotografía español, Nestor Almendros, definía
así la actitud de Rohmer durante un rodaje: "Suspende
todas sus actividades normales. No come, no duerme, no atiende
a sus familia, ni a sus amigos. En estado casi de trance creativo,
sus fuerzas están enteramente dedicadas a la obra que está
realizando. La energía y actividad que despliega son sobrehumanas.
Como es natural, una dedicación e intensidad semejantes
en el trabajo son recompensadas por un fervor unánime en
todos sus colaboradores".
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