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Lejos de las vistas al aire libre y las actualidades
reconstruidas que predominaban en la época, en Voyage
dans la lune Méliès se atreve con un género
por entonces muy popular en la literatura pero inédito
en el cine: la ciencia-ficción. De hecho, la película
se basa en dos novelas de Julio Verne, De la Tierra a la Luna
y Alrededor de la Luna, y una de H.G. Wells, Los
primeros hombres en la Luna, dos escritores coetáneos
de Georges Méliès.
El
ilusionista francés escribió, dirigió, produjo
y protagonizó el filme, que a lo largo de trece minutos
y sin intertítulos narra el viaje de un grupo de astrónomos
que, a bordo de un proyectil lanzado por un enorme cañón,
aterrizan en la cara visible de la Luna. El argumento supone la
excusa perfecta para que Méliès deje fluir su enorme
talento visual, que impregna los treinta cuadros que componen
el filme. De hecho, la imagen de la Luna con el gigantesco cohete
incrustado en uno de sus ojos ha quedado como el primer gran icono
cinematográfico de la historia del cine.
Para su particular Viaje a la Luna, Méliès
no escatima en medios. Construye lujosos decorados con cartón
y terracota, adquiere complejas máquinas para crear los
efectos especiales y diseña un costoso vestuario para los
selenitas, que son interpretados por acróbatas del Folies-Bergere.
Todo ello dispara el coste final de la producción hasta
los diez mil francos-oro, una cantidad inusitada para la época.
Coloreada a mano, la película se estrena
finalmente el 1 de septiembre de 1902 en el Méliès
Théâtre Robert Houdin de París, con un extraordinario
éxito entre el público. Un éxito que se traslada
al resto de Europa una vez que Méliès logra vencer
las reticencias de los exhibidores, debido a la larga duración
del filme en relación con los estándares de la época.
En octubre de 2002 Viaje a la Luna se proyecta por primera
vez en Estados Unidos, en el Electric Theatre de Los Ángeles,
convirtiéndose en la primera película que obtiene
una distribución internacional tan amplia y dando lugar
a un sinnúmero de plagios y copias ilegales.
A
lo largo de los años siguientes, Méliès siguió
rodando un gran número de películas, como Viaje
a través de lo imposible, Las aventuras del Barón
de Munchausen o La conquista del polo, que sin alcanzar
la popularidad de Viaje a la luna tuvieron una amplia difusión.
Sin embargo, la predicción que años atrás
le habían hecho los hermanos Lumière se terminó
revelando cierta y el negocio del cine le llevó a la ruina
en 1914. Desde entonces su pista se pierde hasta que, en 1931,
el director de una revista de cine francesa le descubre vendiendo
caramelos en la estación de Montparnasse de París.
Ese mismo año, el Gobierno francés le concede la
Legión de Honor por su contribución al desarrollo
del arte cinematográfico y le proporciona una pensión
y un apartamento, en el que vive hasta su muerte en enero de 1938.
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