|
La madre de Takeshi Kitano deseaba fervientemente
que su hijo fuese ingeniero. Su padre, en cambio, prefería
no opinar. Kikujiro Kitano mantuvo siempre una relación
muy especial con su hijo, al que conocía como la palma
de su mano. Desde que compró el primer aparato de televisión
que aparecía por el vecindario, Kikujiro debió intuir
que aquel pequeño que se pasaba las horas sentado frente
a la pantalla no iba a ser precisamente un ingeniero, ni nada
que se le pareciese.
Con
20 años Takeshi Kitano ya había sido expulsado de
la escuela de ingenieria debido a su conducta y practicaba el
noble arte de la supervivencia, ejerciendo de camarero o ascensorista
allí donde se presentaba la ocasión. Y la oportunidad
llegó. Kitano había conseguido un empleo como mozo
en un famoso night club de Tokio, un lugar poco recomendable que
combinaba números de humor con espectáculos de streaptease.
Allí, entre las chicas, actuaba el comediante Senzaburo
Fukami, al que Takeshi observaba en cada función. Una noche,
Fukami cayó enfermo y joven Takeshi subió por primera
vez a un escenario del que ya no volvería a bajarse.
Pronto formó con su amigo Kiyoshi Kaneko
el dúo cómico "The two beats" del que
Kitano tomó el apelativo que usa para desdoblarse en sus
actuaciones frente a la cámara: "Beat Takeshi".
La relación con Kaneko fue más que productiva; ambos
triunfaron y Kitano dejó de ver la tele para empezar a
hacerla. Es el periodo en el que el actor y director cobra fama
en Japón y, a veces incluso, fuera del país del
sol naciente a través de un programa que en España
ofreció Telecinco con el título de "Humor Amarillo".
Actor y director
Todo lo que tuviera que ver con la interpretación interesaba
a Kitano, así que cuando Nagisa Oshima le llamó
para que se metiera en la piel del ambiguo y difícil Sargento
Hara en Feliz Navidad, Mr. Lawrence (1982), Beat Takeshi
aceptó inmediatamente. Fue precisamente Oshima quien le
advirtió que poseía el rostro y las cualidades perfectas
para interpretar a personajes fríos y sin escrúpulos.
Ya un año antes Kitano había dado vida a un asesino
con ciertas características yakuza en la serie televisiva
nipona "Danpu-Wataridori", pero el público no
estaba preparado para un salto tan espectacular y no asimiló
la nueva faceta del hasta entonces humorista.
Si Kitano se consideraba actor por accidente o,
más bien, por enfermedad, el destino aún le tenía
preparada otra vuelta de tuerca. Kinji Fukasaku, amigo del actor
y director, y realizador a su vez de filmes yakuza clásicos,
había sido el elegido para dirigir Violent Cop (1989).
Sin embargo, Fukasaku renunció a la película debido
a su precario estado de salud con lo que el proyecto llegó
a las manos de Takeshi Kitano. Hasta ese momento, Kitano nunca
se había planteado la dirección, ni se encontraba,
en su propia opinión, preparado para afrontar el reto,
pero el resultado fue un filme ingenioso, lleno de matices y momentos
de extrema violencia que alumbraba el nacimiento de una nueva
estrella en el panorama cinematográfico japones de los
noventa.
En la línea de Violent Cop, aunque
de un modo más estilizado y maduro, el realizador dirige
en 1990 Boiling Point, filme en el que él mismo
interpreta a un criminal acorralado y bisexual. Aquí ya
se pueden encontrar las que serán hasta hoy señas
de identidad de su cine yakuza: gangsters sádicos, jóvenes
vulnerables y códigos férreos del honor todo ello
rodado con precisión y con un manejo fluido de la cámara.
|