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Cuenta la leyenda que el debut de Joseph Frank
Keaton en el mundo del espectáculo se produjo apenas unos
días después de su nacimiento, cuando entró
gateando en el escenario en el que actuaban sus padres, una pareja
de artistas del vodevil. Corría el año 1895, el
mismo en el que los hermanos Lumiere desarrollaban en Francia
la primera cámara/proyector de cine. Con sólo seis
meses, el mago y escapista Harry Houdini le vio caer por un tramo
de escaleras y llegar abajo no solo ileso sino incluso divertido,
por lo que puso el apodo con el que se haría mundialmente
conocido, "Buster" (término que en inglés
hace referencia a los niños particularmente robustos).
Lo
cierto es que la vida de Buster Keaton estuvo desde su infancia
ligada al mundo del espectáculo. Siendo muy pequeño
se incorporó al espectáculo itinerante de sus padres,
lo que le impidió recibir una educación formal.
En uno de sus números más celebrados, el joven Buster
recibía golpes y empellones de su padre por todo el escenario,
mientras él se esforzaba por caer bien y no hacerse daño.
No obstante, con el paso de los años su padre fue cayendo
en el alcoholismo y los golpes dejaron de ser fingidos; por eso,
cuando a los 21 años Roscoe "Fatty" Arbuckle
le ofreció un trabajo en la incipiente industria cinematográfica,
no se lo pensó dos veces.
Buster Keaton debutó en el mundo del cine
en 1917 con el cortometraje "The Butcher Boy", vehiculo
de lucimiento de su director "Fatty" Arbuckle. Durante
los dos años siguientes, continuó haciendo de contrapunto
de esta rotunda estrella del cine mudo. A su lado se trasladó,
ya en 1920, a California, donde ambos consiguieron un contrato
con la Paramount. En los tres primeros años de la década
Keaton apareció en más de veinte películas,
en las que desarrolló su propio estilo de hacer comedia.
En su corto "The Boat", el barco de Buster Keaton
comienza a hacer agua a través de un agujero en el suelo,
por el que entra un chorro de agua que dibuja en el aire un bonito
arco y aterriza en el otro lado del camarote. Primero trata de
tapar el agujero con uno de los incomibles pastelillos de su esposa;
sin embargo, cuando ve que esto no funciona, decide hacer otro
agujero al otro lado del arco, para que salga por él el
agua. Como es lógico, el barco se hunde.
El
cine de Buster Keaton rebosa de esta lógica visionaria,
de coincidencias que esconden una extraña confabulación
cósmica, un sentido subyacente a la confusión del
mundo. O, como el guionista James Agee escribió en 1949
en un artículo en la revista Life, "en cierto modo
sus películas son como números de malabarismo trascendente
en los que el universo entero se encuentra en movimiento y su
único punto de reposo es el rostro impasible y relajado
del malabarista".
En contra de lo que hacían otros cómicos
de la época como Charles Chaplin o Harold Lloyd, que con
frecuencia se limitaban a actuar frente a la cámara, Buster
Keaton se interesó particularmente por las posibilidades
expresivas del cine, por el montaje, la iluminación o la
óptica de la cámara, algo que confiere a sus películas
una actualidad desacostumbrada.
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