Texto: Carlos Leal.
Fotos: Archivo

 

 

 

 

Siete maneras de recordar a Billy Wilder

Los redactores de cinestrenos.com repasan sus escenas favoritas
de la obra del director de origen polaco, recientemente fallecido

El apartamento (1960)
Por Juan Antonio Bermúdez

C.C. Baxter era como Robinson Crusoe, un náufrago entre ocho millones de habitantes. Pero un día vio pasos en la arena, los siguió y encontró a la ascensorista más guapa de la historia del cine. Es nochebuena y los empleados de la planta 29 celebran una fiesta desenfrenada y hortera. Baxter, algo borracho, arrastra a la señorita Kubelik a su despacho de recién ascendido. Ella está triste pero le sigue la conversación amablemente. Le presta su espejo para que pueda ver cómo le sienta su sombrero nuevo y él se da cuenta de que es el mismo espejito roto que había encontrado unos días antes en su famoso apartamento picadero: la ascensorista de sus sueños es la amante de su jefe. Amargo, transfigurado, patético, Baxter abandona la fiesta.

La tentación vive arriba (1955)
Por Carlos Leal

Los respiraderos del metro de Nueva York despiden un aire caliente bastante desagradable en pleno mes de agosto. Salvo, claro está, cuando Marilyn se detiene a refrescarse sobre ellos con un vestido blanco de gasa en la esquina de la Avenida Lexington con la 52. Nunca fue Norma Jean tan Marilyn Monroe como en esta inolvidable escena surgida de la mente fecunda del gran Billy Wilder. En ninguna otra película fue su mirada más ingenua, ni su sonrisa más carnal, ni su belleza más efímera. Seguramente por eso los que tuvimos que aprender a vivir en su ausencia preferimos recordarla justo así, tal y como la describe el poeta Luis García Montero, protegiendo sus piernas al impudor del viento.

El crepúsculo de los dioses (1950)
Por Javier Pulido Samper

"No necesitábamos diálogos, teníamos los rostros". Y la Desmond desciende hasta los infiernos en su última gran interpretación con toda la fuerza que le confiere su imposible rostro, elevando hasta el paroxismo las máximas del cine mudo, orgullosa de haberse cobrado su primera víctima en una guerra perdida, Salomé eterna. La más hermosa renuncia a una realidad que le ha engullido sin pedirle cuentas, el canto de cisne de una generación relegada al silencio por la irrupción del cine sonoro, y un corte de mangas de uno de los más grandes al nuevo y despiadado star-system de Hollywood, con un fondo de amargura y tristeza eternas. Una mirada atrás con ira. Dicen que el capo de la MGM, Louis Meyer, llamó bastardo a Wilder tras visionar el filme. La respuesta del maestro es portavoz de una forma de ser ajena a modos y modas y un homenaje a los desheredados: "Fuck You". In memoriam.

La vida privada de Sherlock Holmes (1970)
Por Manuel Ortega

La belleza y la tristeza del cine de Wilder solía aparecer muchas veces al final de sus películas. El final de Wilder es triste y por eso escojo su final más bello. Tras ser descubierta y detenida la espía alemana, Sherlock Holmes observa desde la ventana cómo se la llevan. Ella aprovecha para despedirse haciéndole señas de un futurible reencuentro con el paraguas. En la siguiente escena vemos una estampa familiar en el 221 de Baker Street. Sherlock lee una carta y se desmorona. Ilse, la espía, ha sido detenida por el gobierno japonés y ejecutada. Pero ha muerto con el mismo seudónimo que utilizaba al viajar con Sherlock de incógnito, cuando eran un matrimonio. Sherlock pregunta a Watson por el escondite de la cocaína y, tras felicitarlo por su complejidad, desaparece derrotado y directo a la dosis.

   

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