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El apartamento (1960)
Por Juan Antonio Bermúdez
C.C. Baxter
era como Robinson Crusoe, un náufrago entre ocho millones de habitantes.
Pero un día vio pasos en la arena, los siguió y encontró a la
ascensorista más guapa de la historia del cine. Es nochebuena
y los empleados de la planta 29 celebran una fiesta desenfrenada
y hortera. Baxter, algo borracho, arrastra a la señorita Kubelik
a su despacho de recién ascendido. Ella está triste pero le sigue
la conversación amablemente. Le presta su espejo para que pueda
ver cómo le sienta su sombrero nuevo y él se da cuenta de que
es el mismo espejito roto que había encontrado unos días antes
en su famoso apartamento picadero: la ascensorista de sus sueños
es la amante de su jefe. Amargo, transfigurado, patético, Baxter
abandona la fiesta.
La tentación vive
arriba (1955)
Por Carlos Leal
Los
respiraderos del metro de Nueva York despiden un aire caliente
bastante desagradable en pleno mes de agosto. Salvo, claro está,
cuando Marilyn se detiene a refrescarse sobre ellos con un vestido
blanco de gasa en la esquina de la Avenida Lexington con la 52.
Nunca fue Norma Jean tan Marilyn Monroe como en esta inolvidable
escena surgida de la mente fecunda del gran Billy Wilder. En ninguna
otra película fue su mirada más ingenua, ni su sonrisa más carnal,
ni su belleza más efímera. Seguramente por eso los que tuvimos
que aprender a vivir en su ausencia preferimos recordarla justo
así, tal y como la describe el poeta Luis García Montero, protegiendo
sus piernas al impudor del viento.
El crepúsculo de
los dioses (1950)
Por Javier Pulido Samper
"No
necesitábamos diálogos, teníamos los rostros". Y la Desmond desciende
hasta los infiernos en su última gran interpretación con toda
la fuerza que le confiere su imposible rostro, elevando hasta
el paroxismo las máximas del cine mudo, orgullosa de haberse cobrado
su primera víctima en una guerra perdida, Salomé eterna. La más
hermosa renuncia a una realidad que le ha engullido sin pedirle
cuentas, el canto de cisne de una generación relegada al silencio
por la irrupción del cine sonoro, y un corte de mangas de uno
de los más grandes al nuevo y despiadado star-system de Hollywood,
con un fondo de amargura y tristeza eternas. Una mirada atrás
con ira. Dicen que el capo de la MGM, Louis Meyer, llamó bastardo
a Wilder tras visionar el filme. La respuesta del maestro es portavoz
de una forma de ser ajena a modos y modas y un homenaje a los
desheredados: "Fuck You". In memoriam.
La vida privada de Sherlock
Holmes (1970)
Por Manuel Ortega
La
belleza y la tristeza del cine de Wilder solía aparecer muchas
veces al final de sus películas. El final de Wilder es triste
y por eso escojo su final más bello. Tras ser descubierta y detenida
la espía alemana, Sherlock Holmes observa desde la ventana cómo
se la llevan. Ella aprovecha para despedirse haciéndole señas
de un futurible reencuentro con el paraguas. En la siguiente escena
vemos una estampa familiar en el 221 de Baker Street. Sherlock
lee una carta y se desmorona. Ilse, la espía, ha sido detenida
por el gobierno japonés y ejecutada. Pero ha muerto con el mismo
seudónimo que utilizaba al viajar con Sherlock de incógnito, cuando
eran un matrimonio. Sherlock pregunta a Watson por el escondite
de la cocaína y, tras felicitarlo por su complejidad, desaparece
derrotado y directo a la dosis.
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