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Pero si hay una característica que domina
la tarea de Clint Eastwood como cineasta es su continua evolución
hacia posturas más creativas y arriesgadas. Desde su ingente
trabajo en géneros que le resultaban familiares como el
western en El jinete pálido, el policiaco
en Impacto súbito o el cine bélico en Foxfire,
Eastwood fue desarrollando con los años una mirada personal
que le ha permitido acercarse a temas más alejados de su
filmografía.
La
película que saluda esta evolución de forma definitiva
es Bird (1988), una descarnada biografía sobre la
vida del músico de jazz Charlie Parker con la que Eastwood
abrió una nueva etapa en su carrera, sorprendiendo a todo
el mundo. Bird logró el reconocimiento unánime
de la crítica y obtuvo varios premios, incluidos un Oscar
al mejor sonido y el premio de interpretación para Forest
Whitaker en el Festival de Cannes, donde la película sonó
como firme candidata a ganar una Palma de Oro que acabó
en manos de Billie August por Pelle, el conquistador.
Sin embargo, su mayor éxito en este nuevo
periodo como director lo logró con un western atípico,
Sin perdón, la historia de William Munny, un antiguo
pistolero a sueldo que logró retirarse a tiempo como granjero
y que, agobiado por sus problemas económicos, decide aceptar
un matar a dos tipos para sacar a flote a sus hijos. La revisión
que Clint Eastwood hace de tantos héroes del Oeste americano,
mostrando la dureza de sus vidas reales y su implacable decadencia
en un entorno hostil, le valió su primer Oscar como director,
además de una estatuilla a la mejor película. Después,
trataría de repetir con Los puentes de Madison,
un drama sentimental donde Eastwood se acercó por primera
vez a la psicología femenina a través de Maryl Streep.
Como
actor, estos últimos años de su carrera le han deparado
interesantes papeles como el agente Frank Horrigan en En la
línea de fuego, de Wolfgang Petersen; el veterano astronauta
Frank Corvin en Space Cowboys o el propio William Munny
de Sin perdón, por el que estuvo nominado al Oscar
como mejor actor por primera y única vez en su carrera.
Pero la estrella de Clint se va apagando lentamente, con cintas
cada vez de menor calado, que, a pesar de todo, le mantienen en
forma a sus 72 años.
Su última apuesta es Deuda de sangre,
un complicado thriller policial y visceral, donde Eastwood
interpreta al veterano agente del FBI Terry McCaleb, transplantado
de corazón que trata de capturar a un retorcido asesino
en serie, descubriendo que la clave para atraparlo está
en su nuevo corazón. El estreno se acerca y también
en las salas de cine empieza a oler a Clint.
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