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Ganando solidez narrativa
y soltura técnica aunque perdiendo cierta frescura e inmediatez,
con Matador (1986) La ley del deseo (1987) y sobre
todo Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988) Pedro
Almodóvar inicia una nueva etapa creativa (algo más
moderada y correcta) que le acerca a un público mucho más
amplio y le abre las puertas de Europa y los EE.UU. En 1987 creó
la productora El Deseo y en 1988 consiguió su primera candidatura
al Oscar a la Mejor Película Extranjera con Mujeres
al borde de un ataque de nervios, una desenfrenada comedia
que se convirtió en unos de sus principales éxitos
de taquilla.
Desde
entonces sus películas se han ido perfeccionando y enriqueciendo,
tanto desde un punto de vista técnico como narrativo y
estilístico, a la par que aumentaba el presupuesto con
el que afrontaba cada nuevo proyecto y se consolidaba su figura
a nivel internacional. Almodóvar comenzó a ser una
especie de gurú del cine español, un Rey Midas que
lograba potenciar o revitalizar la carrera de los actores que
trabajaban con él (Carmen Maura, Antonio Banderas, Javier
Bardem, Penélope Cruz, Victoria Abril, Marisa Paredes,...)
y que, a la vez, ejercía como el mejor embajador de la
apuesta por la modernidad en la que se había embarcado
la sociedad española desde principios de los años
80.
¡Átame¡
(1990), Tacones lejanos (1991) y Kika (1993) supusieron
una transición entre la espontaneidad desbordante de los
primeros filmes de Almodóvar (su tono chillón, su
poderosa desinhibición formal) y la etapa más madura
y compleja de la filmografía del director manchego. En
esta última etapa, que inauguran La flor de mi secreto
(1995) y Carne trémula (1997), el impulso melodramático
y la mirada comprensiva a unos personajes desgarrados y descolocados
pierde cierta inocencia pero gana en matices narrativos y estilísticos.
Son trabajos más introspectivos y serios, repletos de hallazgos
visuales, en los que articula un discurso conceptual (incluso
social y político) mucho más elaborado, cuida con
esmero y profesionalidad todos los detalles (desde los títulos
de créditos a la puesta en escena, pasando por la banda
sonora) y logra tejer historias de gran intensidad dramática
aptas ya para todo tipo de públicos.
Con
Todo sobre mi madre (1998), protagonizada por Cecilia Roth,
Marisa Paredes y Penélope Cruz, alcanza uno de los momentos
culminantes de su carrera y obtiene su primer Oscar y la Palma
de Oro al Mejor Director en el Festival de Cine de Cannes. Su
último trabajo es Hable con ella (2001), con Javier
Cámara en el papel de un enfermero enamorado de una joven
paciente (Leonor Watling) que está en coma, un nuevo melodrama
con personajes extremos que parece concebido para atraer al público
internacional (exporta una imagen de España que, más
allá de su regusto conscientemente Kitsch, no logra
deshacerse del tópico y termina convirtiéndose en
un elegante ejercicio de exotismo oportunista).
Para finalizar habría
que mencionar dos rasgos del cine de Pedro Almodóvar que
pueden rastrearse a lo largo de toda su filmografía: la
realidad urbana como escenario natural de todos sus relatos (básicamente
Madrid, aunque también hay películas - como Todo
sobre mi madre - ambientadas en Barcelona) y el protagonismo
fundamental de la mujer. Así, desde su primer largometraje
(Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón) hasta
sus proyectos más recientes, la trayectoria creativa de
Pedro Almódovar no puede entenderse sin la presencia (por
activa y por pasiva) de la mujer (de nacimiento o por elección)
y de la sensibilidad femenina. Algo que incluso se ha materializado
en un peculiar fenómeno mediático, las llamadas
"chicas Almodóvar": Chus Lampreave, Julieta Serrano,
Rossy de Palma, Loles León, Bibi Andersen o las ya citadas
Carmen Maura y Victoria Abril.
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