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Cineasta, novelista, publicista, autor
de teatro y, en tiempos, hasta ojeador de futbolistas para el
Inter de Milán. En el marco del Festival de Cine y Deporte
de Sevilla, que le rinde homenaje, Gonzalo Suárez (Oviedo,
1934) anda a vueltas con el tiempo: "quiero permanecer atento
a su paso, ése sí que es un deporte terrorífico".
Sus hijos le recuerdan que ya no es joven, "aunque todos
ellos son más viejos que yo". Como escritor, Vicente
Aleixandre afirmó de él que era "insobornable";
este otoño llegará a las librerías su última
aventura "Yo, ellas y el otro". Como cineasta ha firmado
más de veinte películas, entre las que se cuentan
títulos inolvidables como Remando al viento, Don
Juan en los Infiernos o Mi nombre es sombra. Su ambición
secreta es entrevistar a Dios, quizás para pedirle explicaciones
ante tanto desatino.
CC:
Con una carrera tan amplia, desarrollada en muchos campos artísticos,
¿por dónde debe comenzar quien quiera acercarse
a la figura de Gonzalo Suárez?
GS: Paradójicamente, dado el lugar
donde estamos, quizás el deporte, y concretamente el fútbol,
fuese una buena forma de acercarse a ella. De hecho mi primera
película la pagó el por entonces presidente del
Inter de Milán, club para el que yo hacía informes
tácticos; así que, sin duda, comencé a hacer
cine muy vinculado a la actividad futbolística. Después
esta relación se ha reducido a cierta presencia deportiva
en algunas de mis películas, como el fútbol en El
portero o el boxeo en Epílogo; también
en alguno de mis libros como "Los once más uno",
sobre un equipo de fútbol. Pero, opino que quizás
la mejor forma de empezar sea con el escritor.
CC: Se ha definido como un escritor que
hace cine, más que como un cineasta que escribe.
GS: Sí. La literatura ha sido la
constante en mi vida desde niño, leyendo y escribiendo.
Sin embargo, lo que más me gusta hacer es rodar. Me encantaría
escribir rodando porque el cine incorpora además los aspectos
plásticos, la música, los actores que dan vida a
tus personajes, la naturaleza. Todo eso me apasiona más
que estar encerrado en una habitación escribiendo. Con
la literatura solo puedes describir. El cine es el arte de artes,
la práctica que las agrupa a todas. Por otro lado, cuando
escribes puedes contar con los mejores actores, los límites
los marca tu talento, mientras que en el cine, el dinero impone
límites a la imaginación. En realidad, a mi me gusta
hacer lo que hago, alternar cine y literatura. En estos momentos
me gustaría estar rodando ya.
CC: También todas sus películas
tienen fuertes raíces literarias. ¿No le llama la
atención la realidad?
GS: Es que la realidad cuando la cuentas
ya es literatura. Hay dos formas de trabajar: a partir de la ficción
que, a fin de cuentas, sólo puede acercarte a la realidad
porque todo lo que imaginamos existe, ha existido o existirá.
La otra es tratar de falsificar la realidad. Yo lo que prefiero
es inventar la realidad, verla desde otra perspectiva.
CC: En estos días parece que la realidad
supere a la ficción.
GS:
No es que la supere. Yo creo que, sencillamente, no nos hemos
tomado lo suficientemente en serio la ficción. Pongamos
como ejemplo a Frankenstein. Siempre nos hemos acercado a ese
mito como a una elucubración de una chica de 20 años
y, sin embargo, la ciencia hoy día ha hecho posible parte
de esa historia gracias los transplantes. Estamos empezando a
crear la vida con la genética y pasado mañana lograremos
echar a andar los cadáveres. Otro ejemplo es la última
película de Spielberg donde hay una escena con las Torres
Gemelas rotas.
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