Slumdog Millionaire cierra la muestra con una sonrisa
Easy virtue, de Stephan Elliott, entre lo más destacado de los últimos días del certamen
Carlos Leal
El estreno europeo de Slumdog Millionaire, el último trabajo del británico Danny Boyle, puso el punto final a las dos semanas del Festival de Londres el pasado día 30 de octubre. El filme, muy esperado tras ganar el Premio del Público en el Festival de Toronto, no defraudó a los espectadores que acudieron a Leicester Square, que se encontraron con un gran crowd pleaser que dejó una sonrisa en sus caras.
Slumdog Millionaire narra la historia de un joven indio criado en las calles que acude a la versión local de "Quiere ser millonario" para que pueda verle la mujer a la que ama, y a la que ha perdido. La magia del azar permite que vaya sabiendo todas y cada una de las preguntas, que además tienen un significado especial relacionado con su pasado. Localizaciones exóticas, una realización impactante, humor, aventuras y una fe inquebrantable en el destino y en el poder del amor son los ingredientes de esta cinta escrita por Simon Beaufoy (Full Monty).
Con igual expectación se esperaba Easy Virtue, la adaptación de la muy inglesa obra homónima de Noel Coward que ha firmado el australiano Stephan Elliott para los estudios Ealing. Buscando las raices de la screwball comedy en el último sitio en el que se la vio con vida (la década de los 30), Elliott proporciona un arranque atractivo, pero el ritmo de la película sufre en el momento en el que comienza a escarbar en los personajes, hasta llegar a un desenlace un tanto forzado y anticlimático.
Atrás quedan quince días de cine en los que se han proyectado en Londres casi doscientos largometrajes, quince de ellos estrenos mundiales. Un festival que, sin la atención mediática que despiertan otros certámenes competitivos, ha sabido acoger una selección de cine variada e interesante.
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