Oriente y occidente se dan la mano en los primeros días de Sitges
La película inaugural Reflejos, Surveillance y Crows – Episode 0, entre lo más destacado del arranque de la muestra
Sergio Vargas
Las dos primeras jornadas del festival ya han permitido dar cuenta de varias películas
de distinto calado englobadas en diferentes secciones. Empezamos hablando
de la sección oficial Fantàstic a competición. La gala inaugural
nos presentó Reflejos, el esperado nuevo trabajo de Alexandre
Aja, donde el terror que en sus dos anteriores películas procedía
de asesinos de carne y hueso es sustituido por algo más indefinido
y que permanece oculto tras los espejos. Este salto al terror sobrenatural
deriva en un film de fantasmas cercano a la nueva ola de terror japonés
encabezada por películas como The Ring
o La maldición, donde el protagonista investiga los sucesos
paranormales que le rodean en busca de su origen con el fin de recobrar
la tranquilidad que le ha sido arrebatada. El director de Furia
no abusa del gore que domina tan bien, aunque haberlo, haylo (ojo a
la secuencia de la bañera), y hay que destacar un tramo final excesivo
para bien y de los que dejan huella.
Fighter,
de Natasha Arty, es la tantas veces vista historia de superación personal
al estilo de Billy Elliot o Quiero ser como
Beckam. La protagonista, musulmana, quiere practicar el kung-fu,
pero las tradiciones familiares juegan en su contra. Mucho estereotipo
y cierto conservadurismo estropean una cinta que a pesar de todo se
ve con interés, gracias sobre todo a las excelentes interpretaciones,
en particular la de su guapa protagonista Serra Turan y a un guión
dotado de ritmo con cierta cancha para las artes marciales. No puede
decirse lo mismo de Santos de Nicolás López, primera decepción
del festival, donde un buen diseño de producción sirve de caldo de
borrajas para una historia a grandes trazos interesante, pero solo sobre
el papel, con unas interpretaciones pobres y unos diálogos que bordean
continuamente el ridículo, sobrepasándolo gran parte del tiempo. No
ayuda el que casi lo único bueno que pueda destacarse es el cuerpo
desnudo de Elsa Pataky, que destaca y mucho.
También dentro
de la sección oficial pude ver dos películas más, muy interesantes:
Surveillance, de Jennifer Lynch y Crows
– Episode 0 del habitual del festival Takashi Miike. En la primera
encontramos una historia contada a través de flashbacks en la que los
testigos de unos brutales asesinatos relatan su experiencia en la comisaria
frente a los agentes y a una pareja del FBI. Mucha caña al cuerpo de
policía, buenas dosis de humor negro y de fondo una cruda historia
criminal en el corazón de la América profunda. Por otro lado la película
del japonés (del que también veremos God’s
Puzzle) es una historia de mafiosos trasladada a un entorno poco
habitual, un instituto, resultando, como siempre en el director de
Gozu, una mixtura de géneros cuando menos curiosa en la que la
mala leche del autor es dosificada bastante más que en otras ocasiones
en pos de una película mucho más comercial de lo habitual, aunque
sin dejar de lado su habitual humor gamberro.
En la sección
Orient Express he encontrado hasta ahora la mejor película en lo que
va de festival. Su título Exte: Hair extensions
y su director Sion Sono (Suicide Club) Una película de terror
sobre un cadáver cuyo pelo crece y crece para que un malvado villano
lo utilice para crear unas extensiones asesinas!!!. Sono mezcla los
géneros con soltura utilizando el drama familiar, la comedia adolescente
y el terror más puro para componer una película diferente donde prima
un humor negro que se centra principalmente en el personaje del malvado
y donde destacan unos brillantes efectos especiales. En esta misma sección
pudimos ver Ichi, una versión femenina de Zatoichi, también
basada en los textos de Kan Shimozawa. Comparte con la película de
Kitano el gusto por los personajes caricaturescos y el sentido del humor,
y aunque la protagonista usa la espada con la misma maestría y de forma
igualmente sangrante, no llega a los niveles estéticos de su predecesora.
Al margen de aquella, Ichi es una historia de búsqueda y superación
bien narrada y donde sobresale una bellísima Haruka Ayase en el papel
protagonista.
Y en las secciones
Noves Visions y Sitges Classics – Noves Fronteras pudimos ver dos
coproducciones México-EE.UU, visiones ambas del tema de la inmigración
desde prismas completamente opuestos. Los bastardos
de Amat Escalante es una cruda aproximación a través de la historia
de dos mexicanos que se buscan la vida como pueden en trabajos mal pagados
por horas hasta que un día asaltan a una mujer en su casa. Narrada
con morosidad, recordando al cine de Reygadas (que es uno de los productores)
y a los Funny Games de Haneke, contiene hasta ahora la secuencia
más salvaje del festival, y lo que cuenta resulta más que interesante,
aunque requiere de cierta predisposición por parte del espectador.
Sleep Dealer es, al contrario, una historia de ciencia-ficción,
muy en la línea de Código 46, una visión del futuro, como
comentaba su director Alex Rivera, desde el punto de vista de un inmigrante,
desde México, donde la evolución se centra no tanto en vehículos
o edificios futuristas como ocurre en las producciones de Hollywood,
sino sobre todo en el verdadero sueño americano: “Todo el trabajo,
sin los trabajadores”
El momento
álgido del festival, en cualquier caso, se produjo la tarde del viernes
cuando se proyectó 2001: Una odisea en el espacio
con la presencia de la viuda de Kubrick y varios de los miembros del
equipo de la película. Una experiencia mística y lisérgica (sobre
todo en su último tramo) que será difícil de olvidar y que volvió,
cuarenta años después, a recordarnos al monolito, a HAL, a los monos
y, por supuesto, al niño del espacio. En un par de días, más.
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