Akin, Rivette y Anderson presentan solventes candidaturas a los giraldillos
Tres de las películas más esperadas, Al otro lado (Fatih Akin), La duquesa de Langlois (Jacques Rivette) y La condición humana (Roy Anderson), dejan huella en la Sección Oficial
Juan Antonio Bermúdez
El alemán de origen turco
Fatih Akin, que ya ganó el Premio del Público hace dos años en el
SFC con su película Contra la pared, presentó en la Sección
Oficial la que es sin duda una de las candidatas más serias a los giraldillos,
la estremecedora y bellísima Al otro lado.
Akin cuenta una historia de
desencuentros que salta entre los dos países que marcan su vida, Alemania
y Turquía, protagonizada por un grupo de personajes muy bien definidos
a partir de pequeños detalles muchas veces intrascendentes en apariencia.
El guión, ya premiado en Cannes, podría resultar embarullado en manos
de otro director, pero termina siendo una perfecta pieza de ingeniería
narrativa en la que las pequeñas trampas imprescindibles para ajustar
un argumento complejo se aceptan de buen grado. Las interpretaciones
contenidas y una fotografía excelente terminan de hacer de Al otro
lado una de las mejores películas de la temporada.
Por otro lado, el veterano
Jacques Rivette, uno de los mitos de la Nouvelle Vague, hace en La
duquesa de Langlois un ejercicio de estilo impecable sobre la tormentosa
historia de seducción entre un militar y una duquesa en el París de
principios del XIX. Es una película brillante desde un punto de vista
formal, en la línea del mejor cine francés de época, con unas interpretaciones
notables y unos diálogos abundantes y afilados que dejan traslucir
un subtexto muy rico, pero el conjunto resulta algo frío. Es de esos
filmes que dejan la sensación de que los actores y el director han
disfrutado mucho más en el rodaje de lo que disfrutamos los espectadores
durante la proyección.
La apuesta más original hasta
ahora de la Sección Oficial es La condición humana, una coproducción
entre Suecia y otros cuatro países sorprendente sobre todo si no se
ha visto antes ninguna otra obra de su director, Roy Anderson. Se trata
de una cinta coral, con veinticinco personajes principales y más de
doscientos secundarios. Estructurada en sketches, recorre diversas
facetas de la condición humana con un planteamiento cercano al esperpento,
con altas dosis de poesía, humor y patetismo.
Anderson utiliza siempre planos
generales para presentar a sus personajes en su contexto y resuelve
casi la totalidad de las escenas en interiores, con algunas soluciones
escénicas verdaderamente ingeniosas, como el relato desde un atasco
de un suceso surrealista ocurrido en un banquete familiar o una escena
de amor entre dos recién casados en una casa-tren en movimiento.
La condición humana puede gustar más o menos, pero desde luego
no deja indiferente.
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