Rusia desembarca en el festival de la mano de Sokurov y Zvyagintsev
Alexandra y The Banishment se proyectan en la Sección Oficial de la muestra de cine europeo
Carlos Leal
Los directores rusos Aleksandr Sokurov y Andrei Zvyagintsev han presentado sus últimos trabajos en la Sección Oficial del Festival de Cine Europeo de Sevilla, Alexandra y The Banishment respectivamente. Dos películas dispares a cargo de los dos realizadores probablemente más conocidos del cine ruso actual.
Aleksandr Sokurov se ganó la admiración de al menos parte de la crítica internacional gracias a su plano secuencia de más de 90 minutos en El arca rusa, con la que compitió en el Festival de Cannes en el año 2002. Cinco años después (y tras cuatro películas que no han encontrado distribución comercial en España), el cineasta ruso regresa con Alexandra, un filme sencillo en el que narra la visita de una anciana a su nieto en el cuartel donde está destinado en Chechenia. Sin alardes formales (más allá de alguna cámara lenta probablemente innecesaria), con un ritmo pausado y una fotografía en la que dominan los tonos ocres, Sokurov construye un drama correcto en torno a las vidas cercenadas por la guerra -no sólo ya las de las víctimas, también las de los soldados de ambos bandos- y la solidaridad que surge entre las ruinas que dejan atrás los combates.
También había interés por ver el segundo trabajo de Andrei Zvyagintsev, The Banishment (el destierro), tras el gran sabor de boca que dejó en el año 2003 El regreso, con la que ganó el León de Oro en la Mostra de Venecia. Es posible apreciar en The Banishment ciertos gestos de autor: el gusto por los planos largos y elaborados, la influencia del paisaje sobre los personajes, la vertiente primitiva en los caracteres masculinos... Sin embargo, The Banishment se ve lastrada por un guión un tanto tramposo y un desarrollo narrativo muy pobre, que hace que el tedio se extienda durante las más de dos horas y media de proyección.
La tercera en discordia es la húngara El viaje de Iska, de Csaba Bollok, un drama social sobre una niña rumana de 12 años que malvive recogiendo chatarra con su hermana para pagar la bebida a sus padres alcohólicos. En definitiva, el tipo de película que está en su salsa en un festival de cine europeo como éste.
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