Mordiscos, replicantes y nuevos formatos en el Festival de Sitges
La sangre corre por las pantallas mientras varias películas recogen en su forma los inquietantes caminos en los que se adentra el audiovisual contemporáneo
Covadonga de la Cuesta
En Sitges,
como su tradición manda, ha vuelto a haber mordiscos de categoría.
George A. Romero, el padre de los filmes de zombies, trajo su Diary
of the dead demostrando que sigue en buena forma y que incluso el
género de muertos vivientes se adapta a los tiempos de los nuevos y
múltiples formatos del audiovisual. Los mordiscos zombies provocan
una automática trasformación de la víctima mientras que los mordiscos
de una vagina dentata le sirven al director de Teeth,
Mitchell Lichtenstein, para revisitar la comedia de adolescentes con
hormonas revueltas e ironizar sobre la virginidad y el miedo al sexo.
Una vagina con dientes actúa como letal y sanguinario mecanismo de
defensa que va rebanando miembros arrogantes. Por otra parte, Frontière(s)
es una de las películas más “bestias” vistas en esta cuadragésima
edición del festival. Para la galería, otro mordisco antológico que
pone fin a la cacería que montan una familia neonazi con cuatro jóvenes
que escapan de los altercados en los barrios parisinos –trasfondo
presente en gran parte del cine francés que nos llega-. Dosifica bien
el ritmo, pero a Xavier Gens se le pasan las tuercas de vuelta cuando
las torturas y el salvajismo se olvidan del soporte narrativo y son
una simple excusa para recrear y exhibir violencia. A sus compatriotas
Julien Maury y Alexandre Bustillo se les ha ocurrido combinar para inquietar
a la platea y herir sensibilidades –es una de esas películas a las
que precede advertencia- a una embarazada y a unas tijeras. Á l’interieur,
o la historia del feto acechado, ha gustado mucho en Sitges, aunque
no deja de ser un filme de terror con muchos agujeros y fáciles triquiñuelas.
Unas fotografías, que podrían haber revisitado el misterio Blow
up, son desplazadas para situar en su lugar a visitantes demasiado
repentinos que irán siendo atravesados por objetos punzantes. Eso sí,
nadie querría encontrarse con Béatrice Dalle tras la proyección.
Junto a
Teeth, Dainniponjin ha sido el largometraje más divertido
de la Sección Oficial Fantastic. Hitoshi Matsumoto se saca de la manga
un falso documental en torno a un superhéroe malquerido y desplazado
socialmente. Mientras que Halloween, la versión Rob Zombie del
filme de Carpenter, y
Slipstream, de Anthony Hopkins, no han acabado de convencer, las críticas han sido
más favorables para la puesta de largo del guionista John August,
The Nines, y el regreso de Stuart Gordon con Stuck, una especie
de fábula a partir de los tiempos insolidarios que corren.
Las sensaciones
“estómago vacío” y “mucho sueño” se dan por sentado ante
este aluvión de cine, pero pierden importancia especialmente ante los
filmes de los veteranos. Brian de Palma se relee a sí mismo sus Corazones de hierro cambiando Vietnam por Iraq en Redacted.
En Romero eran zombies y en De Palma, soldados: la animalidad es posible
en lo no humano y en lo humano y una cámara en mano está ahí para
registrarlo y colgarlo en youtube. La realidad, a un paso. La verdad,
sin embargo, es otra cuestión. Por su parte, Takeshi Kitano sigue con
la tabla de ejercicios onanísticos tras Takeshis’. Glory
to the filmmaker: su crisis creativa es irrebatible y aún así
compone a partir de la nada y del absurdo. Se piensa a sí mismo, se
ríe de sí mismo y funciona.
La Sección
Seven Chances rescató el emocionante filme de Naomi Kawase, Hotaru,
y me descubrió el inquietante y sabio cerebro de Guy Maddin en Brand
upon the brain! El recuerdo de este Sitges empieza a dibujarse
como si hubiera ocurrido ya hace mucho tiempo y comenzara a rememorar
aquel día donde pude ver en un Auditori abarrotado la versión definitiva
en digital de Blade Runner. El unicornio lo sabía.
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