Festival de Sitges 2007: De dioses y monstruos
La 40 edición del Festival Internacional de Cinema de Catalunya sigue apostando por la imaginación, las fantasías más delirantes y las pesadillas más siniestras
Covadonga de la Cuesta
Uno se queda
como poco con cara de circunstancia cuando se le pasa de largo el filme
inaugural del certamen que será el explosivo mediático que arrase
este año la taquilla española. Juan Antonio Bayona, apadrinado por
Guillermo del Toro, ha logrado sus primeras colas multitudinarias con
la presentación en Sitges de El orfanato. Comentarios escuchados:
cuidado diseño de producción e inquietante atmósfera en la línea
de los mejores thrillers psicológicos y los filmes de casas
fantasmagóricas, sorprendente caracterización de Belén Rueda, pero
también pocas novedades bajo el sol y sí un alargado descanso en las
sombras de Los otros o Dark Water. Seguramente nos
cansaremos de oír hablar de ella este año.
A menos que
uno se centre en dos o tres secciones de las diez que conforman el festival
o convierta directamente una de las cuatro salas –Auditorio, Tramontana
(novedad de este año), Prado y Retiro- en su morada temporal, el recorrido
cinematográfico por Sitges puede resultar bastante anárquico, excesivo
y a contrarreloj. Nuestra apuesta no es la sección oficial, sino ir
zigzagueando entre todas para obtener una impresión de conjunto.
Tarsem Singh,
el realizador de La celda, estuvo dando por aquí una clase magistral
y de paso presentó The Fall en la Sección Oficial Fantastic,
drama que hace coincidir en un hospital tras la I Guerra Mundial a una
niña sedienta de relatos con un especialista de secuencias de acción.
El ritmo sube y baja hasta acabar resultando fatigosa la aventura contada
dentro de la propia historia. Se ahoga en sus propias ambiciones narrativas
y excesos kitsch. A la espera de lo nuevo de Park Chan-wook, Rob Zombie,
Stuart Gordon y Takashi Miike, la presencia española en la sección
ha sido notable en número, aunque no en nivel. Jaume Balagueró con
Rec es quien sale mejor parado. En la Sección Oficial Premiere
brilló con corrección Stardust, la puesta en imágenes del
relato de Neil Gaiman, donde herederos al trono, brujas que pretenden
la eterna juventud y un joven enamorado ven confluir sus caminos en
la búsqueda de una estrella caída.
La absorción
masiva de imágenes va ablandando nuestras neuronas. La experiencia
It is fine! Everything is fine!, de Crispin Glover –¡el padre
de Marty McFly por el festival!- resulta inclasificable en la tabla
freak y una experiencia de las de una y no más. Zoo, con
su gramática de documental ficcionado, también se dejó sentir en
la Sección Oficial Noves Visions con su perturbadora reconstrucción
de la cotidianeidad de un zoófilo real que murió tras un desgarro
abdominal mientras un caballo le montaba. Zoofilia y lírica: increíble,
pero cierto.
Si en la sección
Anima’t, Aqua Teen Hunger Force Colon Movie Film For Theaters
no consigue provocarme más que aburrimiento a raíz de las absurdas
andanzas y conversaciones entre un batido, unas patatas fritas y una
albóndiga, Nocturna, de Víctor Maldonado y Adrià García,
y Tales from Earthsea, de Goro Miyazaki –el hijo de Hayao-,
decepcionan a causa de su inocencia. No obstante, en esta sección se
sitúa mi película del festival hasta la fecha –ex aequo con
Boarding gate, de Olivier Assayas, y Diary of the dead, de
George A. Romero-. Se trata de Tekkonkinkreet, de Michael Arias,
sorprendente conjunción de anime y espíritu neorrealista. Se
trata de la historia de supervivencia de Blanco y de Negro, dos niños
“olvidados” que viven en los suburbios de una ciudad cuya imagen
pronto cambiará radicalmente en manos de mafiosos, empresarios corruptos
y otras fuerzas del mal. Cruda y apasionante.
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