Wayne Wang gana la Concha de Oro con Mil años de oración
Siete mesas de billar francés, Buda explotó por vergüenza y La batalla de Haditha, beneficiados en un palmarés muy repartido
Carlos Leal
Mucho se ha especulado a lo largo del Festival de San Sebastián sobre las relaciones actuales entre Paul Auster y Wayne Wang, que tras colaborar en Smoke y Blue in the Face se distanciaron por diferencias creativas durante el rodaje de The Center of the World (2000). El jurado oficial, presidido por Auster, no ha eludido la polémica al conceder la Concha de Oro a Mil años de oración, el filme con el que Wang concurría a esta 55 edición del Festival de San Sebastián.
Lo cierto es que, polémicas aparte, es preciso reconocer que el último trabajo del director de La caja china construye un discurso incisivo en torno a las diferencias culturales entre oriente y occidente en su primera mitad, una especie de reflejo invertido de Lost in Translation en el que un jubilado chino se "pierde" en Estados Unidos. Sin embargo, en la segunda mitad el filme la acción se particulariza en torno a la relación entre el padre y su hija (separados por un océano, un idioma y un muro de secretos y mentiras) y la película se pasa al terreno del melodrama más manido. Además de la Concha de oro, Mil años de oración se ha llevado el premio al mejor actor, para Henry O.
Del resto del palmarés, destaca el previsible Premio Especial del jurado para Buda explotó por vergüenza, de la joven iraní Hana Makhmalbaf, y los dos premios cosechados por la española Siete mesas de billar francés: mejor actriz (Blanca Portillo) y mejor guión (Gracia Querejeta y David Planell). Este último galardón fue compartido ex aequo con John Sayles por Honeydripper.
Por su parte, Nick Broomfield se llevo un poco merecido premio al mejor director por la plana La batalla de Haditha, mientras que la sorprendente Exodus se llevó el premio a la mejor fotografía (Charlie Lam). Fuera del palmarés ha quedado probablemente la película más sólida que ha pasado por toda la Sección Oficial, las Promesas del Este de Cronenberg. Y es que poner a un escritor como presidente del jurado, también tiene su precio.
Comparte este texto:
