El tedio impera en la quinta jornada de la Sección Oficial
La alemana Free Rainer, la argentina Encarnación y la canadiense Aritmética emocional decepcionan
Carlos Leal
Los días van pasando en la Sección Oficial de San Sebastián y, conforme el festival se va acercando a su ecuador, la situación no tiene demasiados visos de mejorar. Dos tediosos melodradramas y una comedia pedante forman el menú del día en la cuarta jornada de competición, mientras el cine de verdad se refugia en las secciones paralelas.
Yendo por partes, Aritmética emocional de Paolo Barzman es un rutinario melodrama en torno a un grupo de supervivientes de un campo de concentración nazi y las secuelas emocionales que les quedan cuarenta años después. Una historia tópica y carente de profundidad y una puesta en escena innecesariamente preciosista conducen a una de las películas de 95 minutos más largas que un servidor ha visto en su vida. La segunda gran apuesta del cine norteamericano en la Sección Oficial (entre los protagonistas figuran Susan Sarandon, Gabriel Byrne, Christopher Plummer y Max Von Sydow) ha quedado en agua de borrajas.
Algo mejor resulta la cosa con Encarnación, segunda película de la realizadora argentina Anahí Berneri. Sobre todo por una actriz, la omnipresente Silvia Pérez, que hace una notable composición de una vedette argentina venida a menos obligada a reinventarse una vez que su cuerpo comienza a mostrar las secuelas de la edad. Sin embargo, aunque el inicio promete a la hora de la verdad el filme se acaba dejando llevar por el costumbrismo y el resultado final se resiente.
Por último, el realizador alemán Hans Weingartner (Los edukadores) llevó a la Sección Oficial Free Rainer, una desafortunada parábola en torno a la telebasura lastrada por una premisa insufriblemente pedante: un grupo de "revolucionarios" liderados por un antiguo productor televisivo deciden amañar los resultados de los audímetros para fomentar los programas de contenido cultural. Y no es ya sólo que la idea de que una élite cultural debe guiar al rebaño hasta el saber resulte un tanto ofensiva, es que para colmo concepción de Weingartner de la cultura es tan cerrada que a la hora de la verdad sólo incluye los documentales de animalitos y las películas de arte y ensayo. Y si por el camino a la revolución nos vamos a cargar la cultura popular (en la película, conforme sube el nivel educativo de la televisión desciende el uso de los videojuegos) pues yo casi prefiero que sigan poniendo "Salsa Rosa". ¿No les parece?
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