Robert Rodríguez y Rose McGowan presentan en Madrid Planet Terror
El director mexicano rinde homenaje al cine de terror de serie B de los 80 en su nuevo largometraje, que transita la línea que separa la comedia y el terror.
Ana Rodríguez García
El
realizador Robert Rodríguez asistió esta semana en Madrid a la presentación
de su último trabajo, Planet Terror, junto a su protagonista,
Rose McGowan (conocida por su faceta televisiva en la serie Embrujadas).
Rodríguez, enfundado en un sombrero de vaquero, respondió a las preguntas
de los periodistas en inglés, disculpándose por los efectos del
jet lag en su dominio del español.
Planet
Terror es la primera parte del proyecto Grindhouse, un intento
de emular el espíritu de las películas de serie B que durante
la década de los setenta y primeros ochenta se proyectaban en sesiones
dobles en los cines de barrio americanos. La idea surgió hace años
en una conversación en casa de Quentin Tarantino (responsable de la
segunda parte del proyecto, Dead Proof, que se estrena en nuestro
país el 31 de agosto), mientras observaban los carteles de aquellas
películas sangrientas que tanto les hicieron disfrutar.
El
proyecto original incluía la proyección de ambos filmes al precio
de uno, “un regalo para los espectadores”, además de los
trailers falsos de cuatro películas hasta la fecha inexistentes
que homenajean a los clásicos del género, firmados por algunos colegas
del tándem Tarantino/Rodríguez como Rob Zombie (Halloween),
Eli Roth (Hostel), o Edgar Wright (Zombies
Party).
Gritos,
tiros, vísceras y humor a partes iguales o, en palabras del realizador:
“Películas hechas a base de buenas ideas, pero sin el dinero necesario
para llevarlas a cabo. Por eso a veces daban más risa que miedo”.
Sin embargo, para Rodríguez, un presupuesto limitado supone un reto
en lugar de una limitación, además de proporcionarle una libertad
creativa de la que no dispone cuando rueda superproducciones. La postproducción
se simplifica y los costes se reducen aún más gracias al formato digital,
elegido habitualmente por un realizador que opina que “el cine
es como una camisa de fuerza” y que volver a él después de haber
rodado en digital sería “como volver al carro con mulas después
de haber probado un Ferrari”. Acostumbrado a obtener un gran beneficio
a partir de pequeñas inversiones, los estudios no ponen pegas a sus
excéntricas propuestas, incluso “si la protagonista es una chica
preciosa con una metralleta en lugar de una pierna”.
En
Planet Terror, Rodríguez se pasa de la raya, “una delgada
línea que separa lo serio de lo cómico y de lo terrorífico”,
atraído “por el caos real en un mundo fantástico, en situaciones
límite en las que el ser humano se encuentra cercano a la extinción”,
aunque apoyado por las interpretaciones más serias del reparto, entre
los que se encuentran colaboradores habituales como Tarantino o Bruce
Willis, e incluso el hijo del propio realizador, el niño Rebel Rodríguez.
Para
la actriz protagonista de la cinta, Rose McGowan, trabajar con el director
tejano ha supuesto ascender otro peldaño en su carrera cinematográfica
y se mostró muy satisfecha de haber tenido la oportunidad de interpretar
a Cherry Darling, “un personaje fantástico, de ésos que te ofrecen
sólo una vez en la vida”, una heroína atípica que “normalmente
habría sido interpretada por un hombre, puesto que las chicas suelen
morir para que en la secuela el protagonista pueda tener otra
”.
Para
su próximo proyecto, el remake del clásico de ciencia ficción
Barbarella que protagonizó Jane Fonda a finales de los 60, el realizador
podría contar de nuevo con McGowan, aunque Rodríguez no quiso pronunciarse
al respecto porque aún se encuentra trabajando en el guión. Simultáneamente,
el director prepara el guión de la segunda parte de su último éxito,
Sin City.
Los
discretos resultados en taquilla conseguidos allá por el mes de abril
en el estreno en América y en otros países de habla inglesa, donde
sí se exhibieron conjuntamente las dos películas, han decidido el
controvertido estreno individual en Europa de cada entrega, en lo que
algunos califican como verdadera mutilación del proyecto. El propio
Rodríguez declaró ser consciente de que “es tarea del director
convencer al público de que ir al cine es una experiencia excitante
que merece la pena”, aunque quizá para el espectador de a pie
“es demasiado tiempo dentro de la sala de cine, pero es un riesgo
que teníamos que correr”.
Al
respecto de la reciente desaparición de los admirados realizadores
Bergman y Antonioni, Rodríguez quiso señalar que “los buenos
directores dejan con su obra una impronta que nunca muere”.
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