Terry Gilliam: "No me preocupa ser un incomprendido"
Cinestrenos.com entrevista al director de Doce monos, que estrena esta semana su último trabajo, Tideland, en España.
Ana Rodríguez García
El cineasta Terry Gilliam presentó el pasado martes 5 de Junio en Madrid su último
trabajo, Tideland, que por fin llega a las pantallas españolas
dos años después de su paso por el Festival de San Sebastián, donde
fue acogida con desigual interés por parte de público y, sobre todo,
de un sector de la crítica, que atacó la película con virulencia. Afortunadamente
para sus seguidores, este viejo caballero está acostumbrado a enfrentarse,
mal que bien, contra los molinos de viento que se interponen en su camino.
Con el soporte de un nuevo sello, Amazing Pictures, que apuesta fuerte
por el género fantástico y de terror, y de la distribuidora Notro
Films, Gilliam se muestra encantado de colaborar con su última película
en el intento de seducir a la gente para que entre en los cines.
Sobre Tideland, considerada por el cineasta David Cronemberg como
“un film poético de terror”, el propio Gilliam afirma
que “está planteada en términos más realistas que ninguno
de sus trabajos precedentes”. En su opinión,
“nadie entiende hoy en día la realidad, por lo que es necesario disfrazarla
de lo fantástico”.
-La novela
de Mitch Cullin en la que se basa la película llegó a sus manos por
casualidad, cuando lo descubrió entre una pila de libros sin leer amontonados
en su estudio. ¿Qué fue lo que le atrajo para querer contar esta historia?
“El libro
me atrapó desde las primeras páginas porque presenta una visión fresca
del mundo desde los ojos de una niña que vive situaciones muy difíciles
que tiene que reinventar para poder sobrevivir. Pero sin esa visión
romantizada de la infancia que se empeñan en mostrarnos hoy en día.
Tideland habla de la búsqueda del amor y de las cosas que hacemos para
retener aquello que amamos, pero también trata otros temas que forman
parte de nuestra realidad, como las drogas, la muerte o la deficiencia
mental.”
-Tanto niños
como locos son recurrentes en su filmografía. ¿Qué es lo que más
le interesa de estos personajes?
“Me interesa
particularmente la perspectiva de la realidad que tiene un niño porque
tiene la capacidad de mirar el mundo con los ojos abiertos, mientras
que nosotros (los adultos), sabemos demasiado. Uno de mis cuentos preferidos
es “El traje nuevo del Emperador”, en el que el único que ve su
desnudez es un niño. En cuanto a los locos, ellos son sabios.”
-Esta realidad
a la que usted hacía antes referencia comprende aspectos tan terribles
como la muerte de los padres o un tipo de sexualidad oscura, ¿es
Tideland quizá una visión psiquiátrica del cerebro infantil
y de sus miedos?
“No. Los
terrores a los que hace referencia la película son terrores adultos,
no infantiles. Somos los adultos quienes se los transmitimos. Los medios
de comunicación se han acostumbrado a presentarnos a los niños como
víctimas, cuando sólo un pequeño porcentaje de ellos lo son. Nosotros
vivimos en un barrio tranquilo de Londres, pero incluso mi hijo de doce
años tiene miedo de salir a comprar a las tiendas por si le atacan
o le roban.”
-¿Utilizó
algún recurso para proteger la inocencia de la niña protagonista a
la hora de rodar alguna de las escenas más
“salvajes”?
“Jodelle
Ferland era, a pesar de haber cumplido los diez años durante el rodaje,
la persona más madura del set. Su madre trabajó a su lado en todo
momento, apoyándonos a todos. No necesitamos
protegerla de nada porque para ella era todo un juego. Tenía mucho
interés en aprender cómo se prepara la heroína, aunque quizá no
entendiese el efecto de la droga. El personaje de Jeliza-Rose interpreta
al adulto de la familia, es una especie de enfermera. Para ella era
suficiente con saber que sus padres murieron por una sobredosis, su
interpretación sintetiza esta esencia. En cuanto a las escenas con
Dickens (el personaje adulto con retraso mental, con la mentalidad
de un niño), no son más que las fantasías de una niña
jugando a estar enamorada, yo no tuve que dirigirla, todo lo que Jodelle
hacía era idea suya.”
-¿A qué
cree que se debe la tendencia actual del cine americano hacia lo psicótico,
con películas plagadas de personajes tarados?
“No lo
sé. Yo vivo en Londres.”
-¿Cómo
construyó el personaje de Jeliza-Rose?
“Para
poder mostrar la visión del mundo que tiene un personaje tienes que
convertirte en ese personaje. Con Jeliza-Rose yo descubrí al
niño que todos llevamos dentro. Pero en mi caso, ¡era una niña!”
(Risas).
-¿Cómo
era Terry Gilliam a los nueve años?
“Vivía
en el campo, jugaba fuera de casa, leía... No teníamos televisión,
sino radio, así que no tenía más remedio que usar mi imaginación.”
-Háblenos
ahora acerca del reparto de la película.
“Por exigencias
de la co-producción con Canadá, parte del reparto tenía que ser canadiense.
Lo más problemático fue encontrar una actriz tan joven para el papel
de Jeliza-Rose, una niña que fuese capaz de salir durante dos horas
en pantalla, dentro de plano. Dos semanas antes
de empezar el rodaje, aún seguíamos sin haberla encontrado. Hasta
que apareció Jodelle Ferland, una actriz de nueve años con muchísimo
talento, un genio.”
-¿Y qué
hay de los actores adultos, como Jeff Bridges, con el que ya había
trabajado en El Rey Pescador, o Jennifer Tilly? ¿Se involucraron
en el proyecto desde el primer momento?
“Esto
resultó mucho más sencillo. Yo quería contar con Jeff para
el papel de Noah, y él se mostró encantado con la oportunidad de interpretar
a Janet Leigh en Psicosis. No le supuso ningún problema estar sentado
en una butaca sin moverse horas y horas, aprendió a no respirar con
el estómago.
En el caso
de Jennifer Tilly, a pesar de ser una mujer de gran belleza, acabamos
convirtiéndola en un monstruo, debajo de una enorme prótesis haciendo
las veces de barriga, nos divertimos muchísimo. Es una actriz estupenda,
con ella no hacían falta más de dos tomas. Brendan
Fletcher (que da vida al personaje de Dickens) es un hombre muy
atractivo en realidad, se parece a Sting. A Janet McTeer me la
encontré hace poco en Londres y no la reconocí... ¡Es también muy
guapa! (Risas). Lo cierto es que ninguno de los actores
de esta película tiene vanidad.”
-En una
tensa rueda de prensa que tuvo lugar en San Sebastián en Septiembre
de 2005, usted calificó a la prensa de
“estúpidos periodistas” por no haber entendido lo que quería
contar en su película. ¿Sigue aún sintiéndose incomprendido por
la crítica?
“Sólo
los estúpidos pensaron que les estaba llamando estúpidos. Creo que
lo que en realidad dije fue que hay mucha gente tonta en el mundo, y
que no quiero que pierdan el tiempo viendo mi película. Lo que sí
pretendo es provocar una reacción en el espectador, del tipo que sea,
lo que sea con tal de no dejarlos indiferentes. No me preocupa
ser un incomprendido. Me gusta hacer un cine a partir de buenas ideas,
para una minoría, películas que sirvan de alimento para la mente.”
-Entonces, ¿no le preocupa que el público rechace la película, calificada por
algunos como la “más rara del año”?
“No, en el festival de cine de Sitges tuvo una acogida estupenda, fue un éxito.
En Estados Unidos, al setenta y cinco por ciento de la crítica no le
gustó Tideland, pero con el público ocurrió justamente al contrario.”
-Muchos le acusan de no saber hacer una película
“normal”.
“No me
considero capaz de rodar una película normal, las que hago reflejan
mi visión del mundo. La función del director de cine es demostrar
cómo es el mundo a partir de su película. Por ejemplo, antes de visitar
Roma, consideraba a Fellini un director de cine fantástico, pero después
de conocer la ciudad, me di cuenta de que lo que hizo era un documental.”
-Tideland
es un producto que se encuentra en las antípodas del cine comercial
americano. ¿Se planteó rodar antes
El secreto de los Hermanos Grimm como un trámite para poder
rodar algo más personal?
“Sí,
ése fue un proyecto siempre contemplado desde un punto de vista comercial.”
Gilliam responde tajante, y añade: “Para rodar Tideland
contábamos con un presupuesto de apenas doce millones de dólares.
No pensé que fuera tan difícil conseguir la financiación, me costó
dos años reunir el dinero. Tardé otros dos años en conseguir que
la película pudiera distribuirse. Las pequeñas distribuidoras son
ahora más conservadoras porque apenas tienen dinero. Resulta especialmente
duro para el cine independiente, porque algunas películas sólo tienen
oportunidad de ser exhibidas en una sala de cine durante una semana.”
-Usted realizó
una peculiar campaña publicitaria en Nueva York para conseguir que
el público acudiese a verla la misma semana de su estreno. ¿Puede
contarnos qué fue exactamente lo que hizo?
“El fin
de semana anterior al estreno de la película aún no teníamos campaña.
Mi hija me dijo que tenía que hacer algo, así que me fabriqué un
cartel con un cartón en el que escribí el siguiente mensaje:
“Cineasta sin estudio que tiene que alimentar a su familia dirigirá
a cambio de comida” y “No somos cineastas independientes, dependemos
de vosotros, la audiencia. Que Dios os bendiga, que paséis un buen
día”. Una vez en la calle, me dirigí al lugar donde se graba el
Daily Show (este programa de la televisión norteamericana, presentado
por Jon Stewart, tiene uno de los mayores índices de audiencia del
país), y comencé a pasearme entre la gente que hacía cola
para entrar como público para ver el programa. Al principio los vigilantes
de seguridad quisieron echarme de allí, pero poco a poco la gente terminó
por reconocerme. Así que les animé a que no esperasen a la segunda
semana para ir a ver la película. De ese modo conseguí hacerle un
poco de publicidad. Alguien grabó unas imágenes que ahora están disponibles
en YouTube.
A las dos
semanas, David Lynch tuvo que hacer algo parecido sentándose junto
a una vaca. La gente se le acercaba. Los cineastas interesantes tienen
que recurrir a estos trucos para promocionar sus películas.”
Y sigue, pronunciando en un perfecto castellano: “Sin vergüenza.”
Cuando se
le pregunta acerca del actual panorama cinematográfico, plagado de
películas banales y estúpidas, el cineasta comenta, no exento de ironía,
que “todos mis amigos se están forrando haciendo esas películas
estúpidas.”
-¿Cree
que el hecho de haber esperado dos años para poder estrenar la película
ha resultado negativo?
“Tideland
es como el buen vino, que guardado en barril unos años, gana.”
(Risas).
-Descríbanos
en qué punto se encuentra el proyecto inconcluso de adaptación del
Quijote, ¿Tiene pensado recuperarlo próximamente?
“Los
abogados franceses son los grandes molinos de viento contra los que
pelear. Poco a poco avanzamos, incluso hemos conseguido algún trozo
de papel con la firma que necesitábamos. Poco a poco.”
-El Laberinto
del Fauno de Guillermo del Toro, que se estrenó en
España el año pasado, tiene ciertos ecos temáticos comunes a
Tideland. ¿Cree que esto puede perjudicar a su película?
“Cenando
con Guillermo en Londres después del estreno, me comentó:
“¿Sabes que hicimos la misma película el año pasado?”
(Risas). Y continúa: “No creo que vaya a perjudicarnos
en absoluto, la nuestra es mucho más perturbadora.”
-¿Cuáles
son los referentes de su particular imaginario? ¿Cuáles son las claves
para componer su universo personal?
“Tomo más
ideas a través de libros o de pinturas que de otras películas. Desde
Brueghel hasta Goya, pasando por Lewis Carroll, Munch o Andrew Wyeth.”
Algunos de los cuadros de este pintor americano, Wyeth, inspiraron a
Gilliam y a Nichola Pecorini, director de fotografía habitual del realizador,
para buscar las localizaciones para la película. Principalmente uno,
titulado Christina’s World, en el que una muchacha aparece
sentada en una vasta pradera de cereales amarillos, observando el horizonte
azul en el que se recorta una desvencijada casa de campo:
“Resulta
curioso cómo se mezclan las imágenes que tenemos en la cabezaa con
la realidad cuando estamos planeando una película. Llamé a Mitch Cullin
para preguntarle si había pensado en este cuadro mientras escribía.
Me respondió que sí. Ambos teníamos la misma imagen en mente.” Porque a pesar de que Gilliam co-escribe el guión con su colaborador
Tony Grisoni, se empeña en dejar claro que se ha limitado a adaptar
la novela de Cullin al lenguaje cinematográfico:
“Cuando leí el libro pensé que tenía la misma visión del mundo
que yo, pero que estaba mejor escrito. Todo está basado en la mente
de Mitch Cullin.”
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Esta entrevista se publica en paralelo en el número 63 de "Miradas de Cine".
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