Morgan Freeman y Paz Vega presentan en Madrid Dame diez razones
El filme, dirigido por Brad Silberling (Una serie de catastróficas desdichas), se estrenará en España el próximo 27 de abril
Ana Rodríguez García
Hace apenas una semana el director estadounidense Brad Silberling presentaba en Hotel Ritz de Madrid Dame diez razones (Ten items or less, 2006), su último trabajo. Le acompañaban sus dos protagonistas, el oscarizado Morgan Freeman y una Paz Vega premamá, recién salida de cuentas, que tras Spanglish (2004, James L. Brooks) hace su segunda incursión en inglés al otro lado del charco.
En esta producción independiente se narra la curiosa relación que se establece entre una estrella de Hollywood venida a menos (Freeman) y la cajera de un supermercado (Vega) quien le prestará su ayuda en el proceso de preparación de su personaje.
Al preguntar a Paz Vega sobre cómo ha encarado este proyecto, la actriz explica que apenas tuvo tiempo para ensayar el guión, lo que dio lugar a pequeñas improvisaciones espontáneas ante la cámara que aportan frescura y naturalidad a los diálogos. En tan sólo catorce días y medio de rodaje en un barrio suburbano al sur de Los Ángeles, el reducido equipo de la película se dedicó a filmar el trabajo de los actores profesionales y de algunas personas que simplemente trabajaban o pasaban por allí. El resultado, en palabras de su director, una breve y placentera experiencia cinematográfica.
Tanto es así que Vega se deshace en elogios sobre sus compañeros, resaltando la magnífica relación que mantiene con Morgan Freeman, del que según se dice, es su padrino en Hollywood. Para ella, la meca del cine no es una meta en sí misma, sino que representa una puerta alternativa a la producción nacional, abierta a nuevos proyectos. Una aventura de la que espera recibir lo que venga sin ansiedad, pero sin olvidarse de un acertado criterio de selección que, tras Spanglish, le ha llevado a desestimar proyectos que no resultaban motivadores ni aportaban nada nuevo a su trayectoria como actriz.
A diferencia de su personaje en la ficción, Freeman no ha tenido que invertir tiempo en la preparación del papel, puesto que casi podemos afirmar que se encarna a sí mismo. Intérprete habitual en diversas producciones de éxito a nivel mundial, el septuagenario actor realiza una nueva incursión en el panorama independiente de la mano de un realizador más prolífico en su faceta televisiva que en su un tanto irregular filmografía (desde la reciente Una serie de catastróficas desdichas de Lemony Snicket a Casper, pasando por City of Angels).
El propio Silberling declara que se ha basado en la experiencia vital de Freeman, en las reacciones que experimenta cuando el público se acerca a él en su vida cotidiana, atraído por la cercanía que inspira su celebridad.
Freeman afirma llevar una existencia sencilla en una pequeña ciudad americana, alejada de las excentricidades que caracterizan a Hollywood. Los que han trabajado con él resaltan su humildad, no es una estrella al uso. Paz Vega incluso ve en él un ejemplo a seguir, una persona crítica, comprometida social y políticamente, que se muestra esperanzada cuando se le pregunta acerca de las posibilidades del candidato a la presidencia de los Estados Unidos, el afroamericano Barack Obama. Sin embargo, dada su discreción, Freeman procura evitar convertirse en el acontecimiento que supone acudir al cine como un espectador más. Prefiere solicitar a la Academia de Cine las películas que quiere visionar directamente en su hogar.
Señala además que existen ciertos problemas de distribución relativos al circuito independiente, los mismos que en su día impidieron que películas relativamente grandes como Million Dollar Baby se proyectasen en las salas de muchas ciudades.
Para contrarrestar este problema, el propio actor plantea una solución: la descarga legal de películas directamente desde Internet, en banda ancha, como se viene haciendo desde hace años con la música. Sirviéndose de su propia empresa de distribución digital, ClickStar, el actor pone en marcha esta experiencia pionera, el futuro del entretenimiento. Previsiblemente, esto supondrá un duro golpe contra la piratería, mientras que la recaudación en taquilla no tendrá por qué verse afectada, de la misma manera que la venta de DVD no ha interferido de manera perceptible en la cantidad de espectadores que acceden a las salas de proyecciones. Asimismo, esta propuesta favorecerá el diálogo con la industria para que la película pueda llegar a todos los públicos. Por un módico precio sustancialmente más económico que una entrada de cine, podremos tener en nuestra casa una película de estreno.
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