Seminci 2006. Algunos títulos que merece la pena destacar
En medio de la mediocridad reinante, la española Mujeres en el parque y la filipina La recaudadora de apuestas han elevado el listón
Penélope Coronado
De entre lo
exhibido durante esta 51 Seminci cabe destacar algunos títulos. De
España, aunque con narración eminentemente francesa, Mujeres en el parque, de Felipe Vega. Su título rohmeriano nos anticipa un
drama familiar y urbano cargado de silencios. Vega, que en 2004 convenció
a público y crítica con Nubes de verano, construye en este
nuevo trabajo un sencillo mosaico sentimental donde la hija sirve de
nexo que une las historias de los padres –separados aunque retomando
su relación nocturnamente y a escondidas de la hija– con la historia
de la propia Mónica –abúlica veinteañera con complejo de Electra
que le complica la vida a su novio, un naturalísimo Alberto Ferreiro–.
En un Madrid irreconocible, al que le faltan más obras, en los aledaños
del Retiro, transcurren éstas y otras microhistorias –seguramente
lo mejor del filme sea eso, las breves conversaciones del circunspecto
Adolfo Fernández con un amigo en la estación de Príncipe Pío, por
ejemplo; además de la interpretación de Blanca Apilánez en el papel
de la madre–. Filme chapó y para todos los públicos, excepto por
el desatinado final que viene a enredar sin necesidad la historia.
De Filipinas,
se ha visto el trabajo del desconocido Jeffrey Jeturian: La recaudadora de apuestas (Kubrador). Una película de entrada ruidosa
y caótica –la persecución inicial es casi amateur; el ruido de gente,
de motos con sidecar, de lluvia incesante será una constante en la
película– pero que luego adquiere cuerpo conforme las tramas empiezan
a desarrollarse en torno a una mujer, posible Geena Rowlands adulta
y sin glamour, que se gana la vida recaudando apuestas y anotando números
en un papel: en Filipinas uno de los negocios más prósperos aunque
ilícitos es una lotería en la que los apostantes eligen una pareja
de números. Los azares, que incluyen un par de muertes violentas, van
a hacer girar esta historia que transcurre en calles angostas y sin
salida, un lugar húmedo y sucio con tejados de uralita. El filme, aunque
con el grano que imprime el vídeo, es una interesante propuesta, sobre
todo por su modestia, por su manera de transmitir en tonos que van del
blanco sucio al azul cetrino la decrepitud de un país de corruptos
y pillos. Muerte y azar en Filipinas.
Poco más que
añadir, los galardonados Optimistas (Optimisti), de Goran
Paskaljevic y Es invierno (Zemestan), de Rafi Pitts; confiemos
en una mejor programación para la 52 Seminci.
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