La tristeza de Nozomi
Por
Jesús Mesas Silva
Lírica, trágica, inocente y oscura. Redentora. Así es Air Doll, la nueva cinta del realizador japonés Hirokazu Kore-eda. Con apariencia de cuento infantil prometeico, la película narra el periplo vital de Nozomi (Doona Bae), una muñeca hinchable que un maravilloso día recibe el don más preciado: la vida en forma de corazón. Y con este sencillo detonante, Kore-eda articula una fábula vitalista y esperanzadora a través de los ojos limpios de una muñeca hinchable que tiene que conocer y enfrentarse al mundo de los humanos por vez primera.
Estas muñecas, “objetos para el uso del manejo sexual”, han sido utilizadas a lo largo de la historia del cine como metáfora y crítica social de un mundo moderno deshumanizado. Ahí tenemos Tamaño natural del maestro Berlanga o Lans y una chica de verdad, de Craig Gillespie. Pero Air Doll quiere ir más allá. Con la influencia inevitable de relatos infantiles como Pinocho, de Carlo Collodi, o Testapluma, de Nathaniel Hawthorne, la nueva obra de Kore-eda entronca con la filmografía y temática de cineastas tan dispares como Federico Fellini, Jean-Pierre Jeunet y Todd Solondz. De los dos primeros, toma el aire puro de surrealismo mágico, esa sensación maravillosa de ruptura de la realidad que es capaz de tornar en infantil el hecho más trágico. Porque Air Doll es non sense en estado puro. De Todd Solondz, recuerda el diseño de personajes, extravagantes y solitarios, y el punto de vista, humanista y sin juicios de valor.
El guión del propio Kore-eda, basado en el manga de Yoshiie Goda, consigue vencer la batalla de lo escatológico y lo infantil, lo grotesco y lo inocente, lo violento y lo naif, para alcanzar un complicadísimo tono de realidad y sueño que no traicionará durante todo el metraje. La película, llena de secuencias inolvidables, cuenta con uno de los mejores primeros actos vistos en cine en los últimos años. Al igual que Wall-E, de Andrew Stanton, los primeros minutos de Air Doll están llenos de silencios. El nacimiento al mundo de la muñeca Nozomi es narrado con sensibilidad y lirismo, con una inteligente sencillez imprimida por Kore-eda desde la realización y potenciada por la seductora composición musical de “World´s End Girlfriend”, una melodía con los aires infantiles de Yann Tiersen y ecos circenses de Nino Rota.
Pero donde triunfa verdaderamente Air Doll es en la creación de personajes. Nozomi, la muñeca hinchable que cobra vida, es una Amelie Poulain, una Gelsomina, una brisa de inocencia en un mundo asediado por la soledad. Acompañada de un reparto amplio y maravilloso, Kore-eda consigue retratar a la extravagante amalgama de personajes secundarios que interactúan con la muñeca a través de pequeños detalles. El propietario de Nozomi, el dependiente del videoclub, la vecina obsesionada con la vejez. Todos ellos solos, todos con su momento de gloria en esta magnífica cinta.
Porque Kore-eda, con la prostitución de telón de fondo, utiliza la mirada limpia de una recién nacida para incidir en nuestras miserias. Nozomi y su triste periplo por el mundo de los vivos nos enseñan que estamos solos en un desierto de gente, que aunque tengamos corazón, aunque sintamos cómo late en nuestro pecho, aquello que nos hace verdaderamente humanos es la fuerza del amor. Uno de los personajes de la película, en uno de los momentos más emotivos de la obra, pregunta a Nozomi si lo que ha visto del mundo le ha parecido hermoso. Ella simplemente sonríe. Y en esa sonrisa está la belleza de la vida.
Supongo que la grandeza del cine.
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