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Avatar

Título

 Avatar

Título original
Avatar
Dirección
James Cameron
Intérpretes
Sam Worthington
Sigourney Weaver
Michelle Rodriguez
Zoe Saldana
Giovanni Ribisi
Año
2009
Guión
James Cameron

 

Una superproducción experimental

Por Jesús Mesas Silva

Todos los comienzos han sido desafortunados. Es un axioma inevitable en la historia y evolución de cualquier forma cultural y el cine no es ajeno a ello. Desde sus mismos orígenes, el medio cinematográfico ha sido una lucha constante por la evolución y la sorpresa de un espectador cambiante y en busca siempre de nuevos estímulos. El sonido, el technicolor, el cinemascope, los efectos digitales. Poco a poco, el cine ha ido superando barreras no sin enfrentarse a la opinión escéptica de los más puristas. Cuando, en 1927, el espectador contemporáneo escuchó por primera vez la voz humana en cine, no fueron pocos los que acusaron a las películas sonoras de ser meros espectáculos vacíos que se regocijaban de la nueva técnica y echaban a perder años de perfeccionamiento narrativo visual. “Es una estupidez”, llegó a decir Eisenstein. Y puede que tuviera razón en ese momento. Pero con el tiempo el sonido fue evolucionando y aportando una nueva dimensión dramática al relato para enriquecerlo y aumentar así las posibilidades expresivas. ¿Supondrá Avatar un antes y un después en la historia del Séptimo Arte?

Ya desde la génesis de su larga e interminable campaña de promoción viral, la Fox y el mismo James Cameron parecieron incidir más en lo absolutamente novedoso de su factura técnica que en la propia historia que se estaba narrando. Mucho se va a hablar de la trama que sustenta las tres horas de espectáculo visual que es Avatar. Si en Titanic, el visionario director norteamericano arriesgó desde el guión concibiendo una historia de amor dirigida extremadamente al público femenino, en su nueva obra James Cameron decide no arriesgar y presentarnos una historia mesiánica con discurso ecologista de telón de fondo que, si bien no es una mera excusa para la ostentación del 3D y los efectos visuales, sí que podemos calificar de meramente correcta. Valiente en su mensaje anti-imperialista (rara avis en el cine norteamericano), nuestro viaje por Pandora es un ejercicio dramático de carácter académico que no sorprende al espectador en el desarrollo de la trama pero que nunca llega a aburrirle. Con un tercer acto de infarto y una resolución bastante pobre, James Cameron saca sin embargo lo mejor de su imaginario visual ofreciéndonos algunas de las imágenes más sugestivas y sugerentes del último cine comercial norteamericano. Para siempre entrarán a formar parte del género fantástico secuencias magistrales, como pueden ser el vuelo de los na´vi en el crepúsculo de Pandora o el ataque cobarde de los marines norteamericanos… Todo ello potenciado por una tecnología tridimensional que James Cameron ha conseguido implantar y desarrollar de manera lógica y natural dentro de su historia.

Desde los comienzos primigenios de la historia del cine, los narradores cinematográficos han protagonizado una lucha perpetua para vencer la tiranía de las dos dimensiones. En los últimos años, y con la aparición de Avatar en el horizonte, hemos asistido a multitud de propuestas (sobre todo procedentes del campo de la animación) que adolecían de no haber sido concebidas como productos tridimensionales, convirtiéndose así en experiencias frustrantes e irregulares. En su nueva y revolucionaria película, James Cameron ha planteado el 3D desde la misma concepción del guión y toda su realización se planifica teniendo en cuenta la creación de una nueva dimensión a través de elementos del ambiente, situados en primer término para dar una increíble sensación de profundidad. Pero lo interesante de esta cinta verdaderamente experimental es que consigue hacer del visionado cinematográfico una experiencia completamente novedosa y diferente, más real, más sensorial. Consigue como nunca se había planteado en cine la fusión del espectador con la historia, la desaparición completa de la huella del autor y la posibilidad de conseguir una empatía fructífera y más plena.

¿Cambiará Avatar la historia del cine? Seguramente sí. Probablemente la cinta de James Cameron, aún siendo todavía un primer paso titubeante y a veces torpón de acercamiento a esta nueva técnica, puede suponer cambios sustanciales en el rito de consumo en sala de la película cinematográfica y llevar a un replanteamiento absoluto de la narrativa audiovisual. El 3D no es solo aplicable a las grandes aventuras, al gran presupuesto, sino que puede convertir en una experiencia más realista y enriquecedora películas que buscan precisamente esa veracidad casi documental. En ese sentido, quizás todavía nos quede mucho para ver una película de Ken Loach en 3D... Pero todo se andará.

Creo en Avatar. Creo en James Cameron.

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