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Una imagen de El viaje de Chihiro

 Una imagen de El viaje de Chihiro

El anime alcanza la madurez

La Filmoteca Española dedica un amplio ciclo al desarrollo del cine de animación japonés

Carlos Leal

Ahora que los dibujos animados tradicionales están en franco retroceso en Estados Unidos, con el cierre de Disney como síntoma más evidente, muchos ojos se vuelven hacia el cine de animación japonés (más conocido como anime), que se ha convertido en el verdadero eje de la industria cinematográfica nipona. Lejos del infantilismo de la Disney y sus trasuntos occidentales, el anime se caracteriza por abarcar todo tipo de temas y por buscar un público adulto receptivo hacia sus mensajes, que pueden llegar a tener en ocasiones un contenido fuertemente violento o erótico. La fuente de esta variedad hay que buscarla en las mismas raíces de la cultura japonesa, que desde el siglo XIV cuenta con una importante tradición de literatura gráfica, que se expresa a través de tablas pintadas y papiros ilustrados que narran historias de samurais y leyendas tradicionales.

Probablemente por este motivo, el cine de animación tuvo unos inicios tempranos en Japón. De hecho, las primeras películas animadas de las que se tiene constancia datan del año 1917. Se trata de cintas silentes de un solo rollo (entre 5 y 15 minutos), desarrolladas por autores como Oten Shimokawa, Seitaro Kitayama o Sanae Yamamoto. El género conocería una primera expansión a lo largo de la Segunda Guerra Mundial, años en los que el cine de animación se convirtió en un importante instrumento para la propaganda gubernamental.

Sin embargo, el auge definitivo del anime llegaría de la mano de otro fenómeno cultural puramente japonés: el desarrollo del cómic manga. Auspiciado por el dibujante Osamu Tezuka, el manga combina las influencias de la literatura gráfica tradicional nipona y del cómic estadounidense. Los rasgos esquemáticos y occidentalizados de sus personajes llegaron a la gran pantalla por primera vez en 1960 gracias a Alakazam el grande, una adaptación de Taiji Yabushita de la exitosa novela gráfica de Tekuza.

El propio Osamu Tekuza entraría en el mundo de la animación en 1963, creando el estudio Mushi Productions. Centrado en la producción de dibujos animados para televisión, la compañía logró su primer éxito internacional con las aventuras del niño-robot "Astroboy", uno de los personajes más populares de Tekuza. Esta serie abriría las puertas a la animación japonesa para dominar la producción de dibujos animados para televisión en todo el mundo, que se consolidó en las décadas siguientes con éxitos como "Heidi", "Marco", "La abeja Maya", "Mazinger Z", "Campeones", "Bola de dragón" o "Pokemon".

A lo largo de las décadas de los 60 y los 70, la mayor parte de la producción de anime estuvo dedicada a la pequeña pantalla. No obstante, la tendencia empieza a cambiar a principios de los 80, con la entrada en escena de Isao Takahata y Hayao Miyazaki. Curtidos en series de animación como "Marco" o "Heidi", ambos decidieron fundar en 1983 el Estudio Ghibli, para producir sus propios largometrajes cinematográficos. De este modo, Hayao Miyazaki pudo escribir y dirigir películas de éxito como Nausicaa, el valle del viento (1983), Mi Vecino Totoro (1988), Porco Rosso (1992), La princesa Mononoke (1996) o El viaje de Chihiro (2002). Todas ellas alcanzaron una difusión internacional considerable, situando a Miyazaki en primera línea del cine de animación mundial. Por su parte, Isao Takahata ha realizado para Ghibli títulos como La tumba de las luciérnagas (1988) o Pom Poko (1994), que representó a su país en los Oscar en 1995.

En todo caso, la distribución internacional de estas películas hubiera resultado bastante más difícil de no haber mediado, en 1988, el éxito internacional del largometraje Akira, de Katsuhiro Ôtomo. Basado en un manga del propio director, este thriller de ciencia-ficción apocalíptica batió records de taquilla y logró poner de moda el anime en todo el mundo. Posteriormente, películas como Ghost in the Shell o Metrópolis lograrían reeditar el éxito de Akira. Tras el Oso de Oro ganado por El viaje de Chihiro, el ambicioso ciclo organizado por la Filmoteca Española viene a demostrar que el anime es un género cada vez más repsetable y digno de atención.

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