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La
carrera de Polanski quedó tocada y su siguiente filme,
una extraña versión de Macbeth, fue tan sólo
un vehículo para dar salida a la rabia y la impotencia
que sufría desde el asesinato. A pesar de todo, el cineasta
se empeñaba en explicar una y otra vez su concepto del
cine: "Realmente no sé lo que se puede definir como
estremecedor. Cuando se cuenta la historia de un hombre que es
decapitado, es necesario mostrar cómo le cortan la cabeza.
De otra forma, sería como contar un chiste verde y no finalizarlo
por pudor".
Sin embargo, Polanski no pudo soportar la presión
de Hollywood y decidió marcharse a Italia, huyendo de los
rumores que le acusaban de ser el principal responsable de la
muerte de su esposa. Regresaría dos años más
tarde para rodar una de las cumbres de su cine: el clásico
del cine negro Chinatown. La película fue una sorpresa
para todos los fans del realizador, ya que suponía un cambio
radical en los presupuestos de su cine. Polanski había
cambiado el morbo, la perversión y el desequilibrio por
una historia igualmente oscura, pero ferreamente determinada por
las reglas del género. Chinatown obtuvo once nominaciones
a los Oscar, aunque finalmente sólo ganó una estatuilla
al mejor guión adaptado, y se mantuvo en lo más
alto de la taquilla durante un buen número de semanas.
Pero Polanski volvió a dejar salir sus obsesiones
en Le Locataire (1976), película que retomaba buena
parte de los presupuestos argumentales que el realizador exhibió
en La semilla del Diablo. Todo parecía indicar que
la buena marcha de estas dos películas supondrían
el inicio de una larga carrera en la meca del cine, cuando otro
sórdido asunto alejó a Polanski de los Estados Unidos
para siempre. Mientras trabajaba en un nuevo proyecto, del que
no llegó a trascender nada, el cineasta polaco fue acusado
de mantener relaciones sexuales con una chica de trece años.
De inmediato, el director hizo las maletas y se marchó
a París, bajo la amenaza de ser inmediatamente arrestado
la próxima vez que pisase Norteamérica.
En
Europa, Roman Polanski ha disfrutado de 25 años de tranquilidad,
en los que ha dado rienda suelta a su imaginación en diferentes
filmes de género. Su primer gran éxito fue Tess,
con la joven Nastassja Kinski como protagonista. La película
obtuvo una importante repercusión, procurando a Polanski
una nueva nominación al Oscar. Después llegarían
películas como Frenético, thriller político
con Harrison Ford, Lunas de hiel, con su nueva esposa Emanuelle
Segnier como musa erótica, La Muerte y la Doncella,
con Ben Kingsley y Sigourney Weaver, y, por último, La
Novena Puerta, con Johny Depp.
Ahora, por primera vez, Polanski ha sido capaz
de volver su mirada hacia el holocausto judio que vivio en su
infancia en El Pianista, quizás temiendo aún
un nuevo revés del cine. "Deseaba recrear los recuerdos
de mi infancia pero sin llegar a involucrarme personalmente",
afirmó en Cannes. Quizás Polanski mira ahora con
más respeto a la sombra amenazante que le acompaña,
temiendo de ella el zarpazo definitivo o el inesperado regalo
de la felicidad. En definitiva, nadie sabe lo que le depara el
futuro.
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