Texto: David Montero
Fotos: Archivo

 


 

 



Los golpes de la vida

El realizador Roman Polanski logra la Palma de Oro con El Pianista, un filme que retrata el holocausto nazi que él mismo vivió de niño

A veces, el cine, que tantas veces vino en tu ayuda, puede volverse contra ti y destrozarte la vida. Si eso ocurre se da la curiosa paradoja de que lo que un día que te salvó se convierte, sin previo aviso, en el vehículo que transforma la realidad en tu peor pesadilla. Desde que era un niño, el cine acompaña a Roman Polanski de la misma forma en la que el ángel de la guarda acompañaba a los niños católicos; sólo hay una salvedad: el cine que sigue a Polanski muestra a veces su cara buena y en otras ocasiones se transforma en una sombra fantasmagórica, en un abismo cercano que da miedo mirar.

Roman PolanskiDurante su infancia, Roman Polanski tuvo pocas posibilidades de conocer el cine. Sus padres, judios de Polonia, escaparon a Francia un par de años antes de la invasión alemana, esquivando sólo temporalmente de la tragedia, ya que más tarde fueron capturados, junto a su hijo, y deportados a campos de concentración. Sin embargo, el pequeño Roman logró escapar y su vida se transformó en un deambular errático por el campo, acogido por familias católicas que trataban de esconderle de los nazis. En aquella época en cada pueblo polaco había un cine donde los alemanes proyectaban sus dramas propagandísticos. Polanski se hizo adicto al cine de sus verdugos, aquellas imágenes que danzaban en la pantalla, como él mismo diría más tarde, le salvaron la vida.

Tras la guerra, Polanski descubrió que su madre había muerto, pero que su padre aún seguía vivo. Dotado de un sentido práctico, él quería que su hijo acudiese a la escuela de técnicas aplicadas y se convirtiese en ingeniero, pero Roman ya había decidido algo distinto e ingresó a la escuela de cine de Lodz, para convertirse en realizador. Allí entro en contacto con realizadores polacos como Andrzej Wajda y comenzó a rodar sus primeros cortometrajes con títulos como "Dos hombres y un guardarropa", "El gordo y the Lean' and 'Mammals'. Pero Polanski comenzó a destacar con su primer largometraje, rodado cuando tenía 29 años. Se trata de Un cuchillo en el agua, un largometraje que puso de relieve su gusto por el humor negro y por el desequilibrio en las relaciones humanas.

El éxito en Polonia de Un cuchillo en el agua permitió a Polanski abandonar su país natal y marchar al Reino Unido para rodar sus próximas películas: la primer de ellas, Repulsión, protagonizada por Catherine Deneuve, supuso un hito en el ámbito del thriller psicológico y fue galardonada con el Oso de Plata en el Festival de Berlín. Al mismo tiempo, el éxito de Repulsion, propagó la fama morbosa, de cierta perversión, que acompañaría a Polanski durante toda su vida, determinando también buena parte de su cine que acechaba en su cabeza.

Catherine DeneuveEn Estados Unidos, la fama de Polanski no iba a cambiar, en especial, desde que se decidió a filmar La semilla del Diablo (1968), una oscura historia de terror, donde, por primera vez, el realizador se decidía a explotar uno de los recursos habituales de su cine posterior: el diablo y sus artes. Sin embargo, el cine, que tanto le había dado, decidió cobrarse su parte del trato, atravesando la fina línea que separa la realidad de la ficción y convirtiendo su vida en una pesadilla. Meses después del estreno de La semilla del Diablo, el perturbado Charles Manson asesinó a la mujer de Polanski, la joven actriz Sharon Tate, embarazada del primer hijo de la pareja, en un ritual demoniaco y brutal.

   

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