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El selecto éxito de Cabeza Borradora
llamó la atención del cómico y productor
Mel Brooks, quien le ofreció a Lynch dirigir su próxima
producción, El hombre elefante, el conmovedor drama
de un hombre horriblemente deformado en la sociedad victoriana
del siglo XIX. La película contaba con actores importantes
como John Hurt, Anthony Hopkins o John Gielgud y el acertado trabajo
de Lynch convirtió el filme en uno de los más importantes
del año 1980. El hombre elefante logró ocho
nominaciones al Oscar ese año, incluida la de mejor director,
aunque finalmente no ganó ninguna de ellas.
Pero
el éxito popular llevaba implícito el reverso del
fracaso y la incomprensión, que llegó cuatro años
después, cuando Lynch presentó la cinta de ciencia-ficción
Dune. "Acepté dirigirla porque Dino de Laurentis
me prometió carta blanca para mi próxima película,
Terciopelo Azul. Ya la tenía en mente, así
que no me importaba retrasarla para rodar Dune", aseguró
el cineasta años más tarde. Terciopelo Azul
fue su reconciliación con su público más
fiel y la definitiva aceptación del sello Lynch como una
marca de autor, además de una segunda nominación
como mejor director.
Sin embargo, tras más de diez años,
era el momento, pues de hacer algo nuevo y David Lynch cambió
el cine por la televisión en "Twin Peaks". Realmente,
poco queda que decir sobre una teleserie que dejó a cientos
de millones de espectadores extrañados ante la pantalla:
enanos bailarines, cortinas rojas y una especie de espiritu llamado
Bob burlaban a los espectadores que seguían preguntándose
infructuosamente quién diablos había matado a Laura
Palmer.
Quizás por eso Lynch decidió seguir
exprimiendo la naranja años más tarde en Twin
Peaks: Fire Walk With Me (1992), una secuela cinematográfica
que despertó indignación entre la crítica.
Afortunadamente, el regreso al cine se había producido
de mejor forma un par de años antes, con Corazón
Salvaje (1990), una "road movie" protagonizada por
Nicholas Cage y Laura Dern que ganó la Palma de Oro en
el Festival de Cannes. A pesar de este éxito, su relanzamiento
a nivel internacional tuvo que esperar hasta 1997, con el thriller
onírico Carretera Perdida.
Dos
años más tarde, en el 99, el cineasta sorpredería
a propios y extraños con Una historia verdadera,
un filme clásico, alejado del "avant-garde" que
Lynch había exhibido a lo largo de su carrera. La película
contaba la historia de Alwyn Straight, un viejo granjero que inicia
un largo viaje en su cortacésped para reconciliarse con
su hermano. "Está rodada a ese ritmo y, para variar,
está bien que nadie te pregunte por el significado de la
historia", aseguró el realizador.
Su última apuesta, sin embargo, supone
el reencuentro con sus fans más acérrimos y con
sus feroces detractores. Mulholland Drive combina amnesia,
problemas psicólogicos, enanos y cortinas rojas. Un planeta
nuevo para el universo personal de David Lynch.
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