Texto: David Montero
Fotos: Archivo

 


 

 



A vueltas con el éxito

Tras su nominación al Oscar, Javier Bardem regresa al cine español con la tercera película de Fernando León, Los lunes al sol

Javier Bardem caracterizado para Antes que anochezcaEn el cine, el éxito siempre ha sido una máquina extraña que lo mismo fabrica sueños satisfechos que pesadillas horripilantes. Obtener un resultado u otro depende únicamente de la forma en que se eche a andar el mecanismo; algunos no temen y manejan los mandos con frialdad, con cierto desapego, sin saber exactamente dónde van pero exhibiendo un gesto impasible que no se altera tras años de adulación. Otros, sin embargo, tocan las distintas manivelas y botones con mucha precaución, buscando que la máquina letal no se vuelva loca y les devore, porque en el fondo saben que si el engranaje echase a andar con furia ellos perderían el control y caerían al pozo de la vanidad y el ridículo. A estos últimos pertenece Javier Bardem.

Cuando Bardem apenas había puesto un pie en la alfombra roja de Hollywood, Steven Spielberg, el rey del éxito impasible, le propuso un negocio, un papel destacado en su última película, dándole la réplica a Tom Cruise. Javier Bardem sintió como la máquina del éxito despertaba ruidosamente y decidió esperar. No era la primera vez. Varios años antes le habían propuesto hacer de villano latino en una de las entregas Bond, El mundo nunca es suficiente, y lo rechazo sin dudas. Mientras sopesaba su decisión tuvo que ver pasar la sombra de otros actores serios, considerados en sus países, que acababan interpretando papeles estúpidos para tocar con las manos la extravagante fantasmagoría de Hollywood.

También cuando Rusell Crowe subió a recoger el Oscar que muchos apuntaban sería para él, una parte de Bardem respiró. Agotado tras conceder miles de entrevistas, después de dos meses sometido a la liturgia que los norteamericanos preparan para sus ídolos, Javier se sintió aliviado de que aquello se detuviese allí. "No quería que cambiase mucho mi situación. No estaba preparado ni tengo el gusto por vivir lo que significaría un Oscar, que es un trampolín que supondría probablemente sacrificar tu intimidad a nivel mundial".

Cartel de Huevos de Oro de Bigas LunaComo en tantas otras ocasiones, los inicios de Javier Bardem en el cine remiten a una casualidad. Antes de dedicarse a la interpretación, había probado el baile (en televisión y haciendo "streap-tease" en despedidas de soltera) y el dibujo, había trabajado como tramoyista, sirviendo copas e incluso había jugado en la selección española de rugby. Buscaba dinero sencillo cuando se acercó al casting de Las edades de Lulú (1992), donde Bigas Luna trataba de encontrar a un tipo fuerte, con aire de bruto. Curiosamente para alguien proveniente de una familia de cine ése era uno de los primeros contactos de Bardem con el séptimo arte.

Los personajes que interpretó al principio de su carrera estuvieron fuertemente condicionados por su físico. Recio, ancho de hombros, de cuello firme y rasgos aplanados de boxeador, la planta de Bardem le empujaba continuamente a papeles de macho ibérico como ocurrió en Las edades de Lulú, El amante bilingüe (1992), Jamón, Jamón (1992) o Huevos de oro (1993). Rápidamente intuyó que, si no cambiaba el guión, se quedaría ahí para siempre.

   

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