Texto: Carlos Leal.
Fotos: Archivo

 

 

 

 

Peter Greenaway

El artista global

Escritor, pintor, cineasta, matemático, autor de libretos de ópera, filósofo, organizador de exposiciones... pocos creadores de hoy en día se acercan tanto al modelo de artista global propugnado por el Renacimiento como el galés Peter Greenaway, cuya trayectoria cinematográfica recibe en estos días en Sitges el reconocimiento del Festival Internacional de Cine de Cataluña, que le ha concedido su máximo galardón, la máquina del tiempo.

Greenaway, en SitgesSu filmografía, que se extiende a lo largo de los últimos 20 años, mantiene como una constante obsesiva la lucha por las posibilidades expresivas del cine. Y es que, para Peter Greenaway, el cine es mucho más que una coartada para contar historias; por eso en sus películas las ideas tienen más importancia que la anécdota o la trama y los distintos medios y recursos artísticos se integran dando lugar a una cinematografía de una peculiar belleza.

La importancia de las artes plásticas en su cine es más que comprensible, teniendo en cuenta que ya desde los doce años la formación de Peter Greenaway se orientó hacia la pintura. No obstante, o al menos eso dice la leyenda, su vocación cambió a los 16 después de ver El séptimo sello, de Ingmar Bergman. En todo caso, la pintura ha seguido muy presente en su filmografía, ya sea a través de la calidad pictórica de muchos de sus encuadres, generalmente fijos, o incluso a través de abiertos homenajes, como los de La última cena, de Leonardo Da Vinci, o La lección de anatomía, de Rembrandt, en El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante.

Al mismo tiempo, la música también juega un papel fundamental en la trayectoria de Greenaway. Hasta Los libros de Próspero (1991), su compositor más estable fue Michael Nyman, quien a su lado desarrolló algunas de de las bandas sonoras más interesantes de los últimos tiempos. Además, Peter Greenaway ha escrito el libreto y dirigido óperas contemporáneas como Rosa, Cien objetos para representar el mundo y Cristobal Colón, todas ellas en colaboración con el músico Saskia Boddeke.

La carrera cinematográfica de Peter Greenaway comenzó como montador en la Oficina Central de Información británica. Allí, durante los años 60 y 70, mientras trabajaba rodando documentales, comenzó a utilizar las facilidades que le daba su puesto de trabajo para filmar sus propios cortometrajes experimentales, como "H is for House" o "Windows". El culmen de esta doble tendencia lo alcanzó en The Falls (1980), un interesante falso documental de tres horas que narra las vidas de 92 víctimas de una extraña circunstancia conocida como el Evento Violento Desconocido, que afecta a todo el planeta.

   

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