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Pero Chaplin sigue adelante, ignorando no sólo
a los alemanes sino también a los exhibidores norteamericanos,
que le advierten que no pasarán El gran dictador tras su
estreno. "La voy a proyectar ante el público, aunque tenga que
comprarme o mandarme construir un cine para ello, y aunque el
único espectador de la sala sea yo", responde a la prensa. Finalmente,
la cinta se estrena el 15 de octubre de 1940 en Nueva York y desata
un revuelo aún mayor del esperado.
La
prensa más conservadora, encabezada por los periódicos del todopoderoso
William Randolph Hearst, acusa a Chaplin abiertamente de "comunista"
y buena parte de la prensa especializada ataca duramente al filme,
tachándolo de desigual e impreciso y centrando sus críticas en
el largo discurso final en el que el director toma la palabra
superando a su personaje y lanzando su propia proclama de democracia
e igualdad. El propio Chaplin tuvo que defenderse en The New
York Times. "Para mi es la conclusión lógica de la historia.
Hay quienes aseguran que se sale del personaje del barbero. ¿Y
qué? La película dura dos horas y tres minutos de pura comedia,
¿no se disculpará que finalice con una nota que refleja en forma
honesta y realista el mundo en el que vivimos y no se disculpará
un alegato en favor de un mundo mejor?".
A pesar de las explicaciones, El gran dictador
se prohibe en muchos Estados norteamericanos y en la Europa dominada
por el fascismo, además de países como Argentina.
En España, la película no se estrena hasta 1976,
tras la muerte de Franco. El propio Hitler sintió curiosidad
por ver qué había hecho Chaplin y consiguió
una copia que proyectó dos veces seguidas sin hacer ningún
comentario.
El retrato que realiza Chaplin en El gran dictador
presenta a un Hitler (escondido tras el nombre de Hynkel), inseguro,
irascible, ebrio de sí mismo y cuya única fuerza
consiste en el grito. El alter ego de Chaplin también
entra en escena como un barbero judio que vuelve a su barrio sin
saber de la persecución de su raza y que, al final, será
el responsable de sustituir a Hynkel con un discurso de amor y
fraternidad. Junto a ellos figuran otros personajes claramen reconocibles
como el intrigante e inteligente Garbitsch (Goebbles), el cerril
Herring (Göring) o su mayor aliado Napaloni (Mussolini),
magnificamente interpretado por el actor Jack Oakie. En líneas
generales la cinta respira un ambiente satírico de denuncia
que, sin embargo, no deja entrever la magnitud del holocausto
que tendría lugar en los años posteriores. "Si
hubiera sabido lo que iba a ocurrir no habría podido realizar
una película de espíritu cómico. Todo fue
demasiado horrible", explicó mucho más tarde
Chaplin.
Sin
embargo, lo que sí cambió radicalmente fue la percepción
de la película de Chaplin tras el ataque japones a Pearl
Harbour, un año después de su estreno, que provocó
la definitiva implicación de los Estados Unidos en el conflicto
mundial. A partir de ahí la cinta disfrutó de un
éxito sin precedentes, que no se apagaría hasta
la actualidad. Ahora, más de sesenta años después
de su filmación, El gran dictador regresa a las
pantallas de cine en unos tiempos que, como entonces, anuncian
una guerra donde los inocentes tienen mucho que perder. Quizás
la reflexión de Chaplin sobre la sinrazón de la
violencia sea más necesaria que nunca.
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