Texto: David Montero
Fotos: Archivo


 

 

Hitler - Chaplin

Más de cincuenta años después, se reestrena en España El gran dictador, la obra de Charlie Chaplin sobre las dictaduras europeas

Pero Chaplin sigue adelante, ignorando no sólo a los alemanes sino también a los exhibidores norteamericanos, que le advierten que no pasarán El gran dictador tras su estreno. "La voy a proyectar ante el público, aunque tenga que comprarme o mandarme construir un cine para ello, y aunque el único espectador de la sala sea yo", responde a la prensa. Finalmente, la cinta se estrena el 15 de octubre de 1940 en Nueva York y desata un revuelo aún mayor del esperado.

Cartel promocional de El gran dictadorLa prensa más conservadora, encabezada por los periódicos del todopoderoso William Randolph Hearst, acusa a Chaplin abiertamente de "comunista" y buena parte de la prensa especializada ataca duramente al filme, tachándolo de desigual e impreciso y centrando sus críticas en el largo discurso final en el que el director toma la palabra superando a su personaje y lanzando su propia proclama de democracia e igualdad. El propio Chaplin tuvo que defenderse en The New York Times. "Para mi es la conclusión lógica de la historia. Hay quienes aseguran que se sale del personaje del barbero. ¿Y qué? La película dura dos horas y tres minutos de pura comedia, ¿no se disculpará que finalice con una nota que refleja en forma honesta y realista el mundo en el que vivimos y no se disculpará un alegato en favor de un mundo mejor?".

A pesar de las explicaciones, El gran dictador se prohibe en muchos Estados norteamericanos y en la Europa dominada por el fascismo, además de países como Argentina. En España, la película no se estrena hasta 1976, tras la muerte de Franco. El propio Hitler sintió curiosidad por ver qué había hecho Chaplin y consiguió una copia que proyectó dos veces seguidas sin hacer ningún comentario.

El retrato que realiza Chaplin en El gran dictador presenta a un Hitler (escondido tras el nombre de Hynkel), inseguro, irascible, ebrio de sí mismo y cuya única fuerza consiste en el grito. El alter ego de Chaplin también entra en escena como un barbero judio que vuelve a su barrio sin saber de la persecución de su raza y que, al final, será el responsable de sustituir a Hynkel con un discurso de amor y fraternidad. Junto a ellos figuran otros personajes claramen reconocibles como el intrigante e inteligente Garbitsch (Goebbles), el cerril Herring (Göring) o su mayor aliado Napaloni (Mussolini), magnificamente interpretado por el actor Jack Oakie. En líneas generales la cinta respira un ambiente satírico de denuncia que, sin embargo, no deja entrever la magnitud del holocausto que tendría lugar en los años posteriores. "Si hubiera sabido lo que iba a ocurrir no habría podido realizar una película de espíritu cómico. Todo fue demasiado horrible", explicó mucho más tarde Chaplin.

Hynkel y Napaloni pasean saludando al puebloSin embargo, lo que sí cambió radicalmente fue la percepción de la película de Chaplin tras el ataque japones a Pearl Harbour, un año después de su estreno, que provocó la definitiva implicación de los Estados Unidos en el conflicto mundial. A partir de ahí la cinta disfrutó de un éxito sin precedentes, que no se apagaría hasta la actualidad. Ahora, más de sesenta años después de su filmación, El gran dictador regresa a las pantallas de cine en unos tiempos que, como entonces, anuncian una guerra donde los inocentes tienen mucho que perder. Quizás la reflexión de Chaplin sobre la sinrazón de la violencia sea más necesaria que nunca.

   

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