Texto: David Montero
Fotos: Archivo


 

 

Starlett

Se cumplen 25 años de la desaparición de Joan Crawford, auténtica encarnación de lo que Hollywood entiende como una estrella

Al éxito de Mildred Pierce siguió el mejor periodo de la carrera de Joan Crawford, con dos nominaciones como mejor actriz en un breve lapso de tiempo. La primera de ellas llegó en 1947, con su papel de Louis Graham en Possesed de Chris Bernhardt; sin embargo la estatuilla se la arrebató Loretta Young. Después, en 1952, tampoco pudo ser, a pesar de que partía como favorita con su interpretación en Sudden Fear, un thriller intrigante dirigido por David Miller. Pero la buena racha se fue apagando y en los diez años que siguieron la Crawford se vio relegada a papeles menores, condenada sin remisión a ser una estrella antigua, ajada y pasada de moda.

Joan CrawfordDel ostracismo la rescató Robert Aldrich, que decidió unirla a su rival Bette Davis para rodar ¿Qué le ocurrió a Baby Jane? en 1962. La relación entre Crawford y Davis era más que tensa y estalló durante la filmación. "Joan se ha tirado a todas las estrellas masculinas de la Metro con la única excepción de Lassie", aseguró Bette Davis sobre su colega. La Crawford contraatacó con sobriedad, afirmando que la Davis no tenía el más mínimo talento interpretativo, "si le quitamos los ojos saltones, el manido cigarrillo y los gestos estereotipados, no sé qué le queda". A pesar de esto, o quizás por esto, la película fue un éxito, y devolvió a ambas un reflejo pasajero de la gloria que habían disfrutado en años anteriores.

La Crawford aprovechó este último espasmo de su carrera para interpretar una tanda de películas de terror serie B, en su mayor parte dirigida por William Castle. "Realmente me arrepiento de aquellos filmes, pero, en su momento, tuve muchas esperanzas, sobre todo con Strait-Jacket. Incluso pensé que El circo del horror podía ser buena, pero luego ha resultado de las peores del lote", declaró la actriz tras sur retirada. Lo último que hizo fue trabajar con un jovencísimo Steven Spielberg, que la escogió personalmente para rodar el episodio piloto de la serie "Night Galleries". Después, tras contemplar largo una horrorosa fotografía suya que se había publicado en una revista del corazón, Joan Crawford tomó la decisión de abandonar la escena y no volver a aparecer públicamente.

Sin embargo, el escándalo que suele acompañar a las grandes estrellas, y que ella cultivaba con terquedad y nostalgia, la llevó a una dura lucha con su hija adoptiva, Christina, que publicó en los años ochenta "Mommy Dearest", un alegato que dibujaba a la Crawford como una estrella egoista y cruel. Tras interminables litigios, Christina se quedó sin herencia y la imagen de su madre acabó por los suelos. Ciertamente sus últmos años los pasó entre las brumas del vodka, sola en un apartamento de Nueva York y aquejada de un severo cáncer de pulmón.

   

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