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Un tipo como Pablo Carbonell, perdónenme, sólo
podía haber nacido en Andalucía y más concretamente en Cádiz,
porque quizás sea aquí donde haya más guasa, cachondeo y poca
vergüenza por metro cuadrado. Me imagino al showman haciendo de
las suyas en los patios de vecino y en las aulas del colegio Salesianos,
donde sentaría los precedentes de su futuro como osado "hombre-orquesta",
capaz de triunfar con una banda legendaria e inconformista, Los
Toreros Muertos, y convertirse en un reportero con una bendita
amoralidad que lo mismo le dice "adiós, reina" a nuestra soberana
como soporta las iras del maestro Fernán Gómez en el Café Gijón.
Le da igual ocho que ochenta y no se corta un pelo porque pocos
le van quedando.
Pablo
Carbonell (1962) hacía mucho tiempo que nos había demostrado su
talento como actor en programas televisivos como "La bola
de cristal", en los ochenta, y sólo hacía falta verlo cantar,
o simplemente verlo, para saber de sus capacidades histriónicas.
Cuando en 2001 la Academia lo nominó al Goya como Mejor Actor
Revelación la cosa sorprendió un poco, sobre todo porque ya había
intervenido en varias películas, algunas de ellas en papeles principales,
aunque sí es cierto que su personaje en Obra maestra (2000)
de David Trueba era perfecto para que Carbonell desplegara todo
su potencial interpretativo. La presencia de Santiago Segura,
muy en la línea de Pablo, no jugó en prejuicio suyo, al contrario,
y ambos, junto a Ariadna Gil, se convierten en lo mejor de la
película.
Pero hemos dicho que Carbonell ya había hecho cine
y así es. Sus intervenciones cinematográficas se remontan a 1983,
año en el que participó brevemente en El caso Almería de
Pedro Costa. A las órdenes de Víctor Barrera trabajó en Los
invitados (1986) y ya a finales de los ochenta protagonizó
Loco veneno (1988) de Miguel Hermoso. Sus trabajos cinematográficos,
eclipsados por sus facetas como cantante, escritor, cómico, etc.,
son esporádicos y así sus siguientes apariciones en la gran pantalla
dan un salto de casi una década para protagonizar en 1997 Dos
por dos de Eduardo Mencos e intervenir en Mátame mucho
de José Ángel Bohollo y Una pareja perfecta de Francesc
Betriu. En 2000 le llegó su gran oportunidad con la susodicha
Obra maestra, que le sirvió para conseguir el respeto del
público y de la crítica.
Es un manojo de nervios Carbonell, siempre de
aquí para allá, trabajando y divirtiéndose, que es lo suyo. Con
el programa "Caiga quien caiga" viaja incansablemente
para enfrentarse con atrevimiento a legendarios artistas o a políticos
todopoderosos. Pablo Carbonell, que se erigió desde el principio
en el reportero más "tocapelotas" del grupo, ha hecho de la poca
vergüenza su arte. No es bien recibido por mucha gente y tiene
detractores, porque haberlos hailos, que no sé que darían por
no verlo más aparecer con sus micro y su gafas de sol chulescas.
Además el tipo es capaz de sacarse unas horitas para actuar con
sus espectáculos de humor que de vez en cuando ofrece en salas
generalmente alternativas. Encima le queda tiempo para rodar,
cosa que hace actualmente con El furgón.
Hasta ahora, y no podía ser de otra manera, sus
incursiones en el cine han sido por lo general en comedias, pero
como buen cómico seguro que debe tener un lado más dramático,
ése que ya se intuía en algunos momentos de Obra maestra. Su madurez
como actor quizás lo demuestre algún día. Lo malo es que Pablo
Carbonell se niega a crecer y cada vez parece tener más ganas
de cachondeo. Tan sólo hay que oír su mensaje en el contestador,
que cambia de vez en cuando, y que puede ser como este: "En este
momento no estoy. Si-eso me llamas." Pues nada, si-eso te llamo.
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