|
Cuando
terminó de ajustarse el mínimo vestido, pegado a
su cuerpo sin fin, y se abrochó las kilométricas
botas, justo antes de rodar, Julia Fiona Roberts no podía
imaginar de qué forma el papel de la prostituta Vivien
Ward iba a cambiarle la vida, catapultándola al iluminado
camino de la fama. Ya no era una desconocida, ni mucho menos,
pero estaba lejos aún de ser una estrella. Había
conseguido meterse en la piel de esta "prostituta-cenicienta"
gracias a su interpretación de una chica sexualmente llamativa
en Mystic Pizza (1988) por la que obtuvo una nominación
a la mejor actriz secundaria. A partir de ahí todo había
resultado más fácil. Julia logró un buen
papel en Magnolias de Acero (1989), junto a veteranas como
Sally Field y Shirley McLaine y les hizo frente de forma sobresaliente,
logrando una segunda nominación al oscar en dos años.
El aviso quedó claro: la década de los noventa iba
a ser suya.
Y la comenzó de forma brillante. El éxito
de Pretty Woman (1990) fue abrumador. Para ella, una nueva
nominación al oscar, igualando la marca del genial Marlon
Brando, y sobre todo el reconocimiento popular. América
se había enamorado de esta chica de boca grande y belleza
peculiar, una periodista nacida en Smyrna, en el seno de una familia
hyppie, con un hermano que se ganaba la vida como actor el películas
de acción y telefilmes. Pronto se ganó el título
de "novia de América" y los norteamericanos quisieron
saber quién era Julia Roberts.
Fue entonces cuando atravesó su peor momento,
su descenso. Decidió dejar plantado a Kiefer Sutherland
en las visperas de su boda y él, en venganza, dijo a la
prensa que la chica que todos deseaban hacía el amor "como
un pez". Todo ello le afectó profundamente, se volvió
muy celosa de su intimidad, agobiada ante el continuo acoso de
la prensa. En su carrera, durante varios años, alternó
papeles serios, dirigidos por reconocidos cineastas como El
juego de Hollywood, Mary Reilly, Prét-a-porter
o Todos dicen I love you, con dramas románticos
(Elegir un amor, Durmiendo con su enemigo) y personajes
fantásticos (Hook). Todo en un discreto segundo
plano, alejada de Hollywood, más centrada en su vida privada,
donde contrajo un breve matrimonio con el cantante country Lyle
Lovett.
Su
regreso a la primerísima plana se produjo en 1997, en la
comedía romántica La boda de mi mejor amigo,
donde Julia trataba de evitar a toda costa el matrimonio de su
ex-novio y mejor amigo, Matthew McDermott. La fórmula iba
a continuar y la Roberts repitió en filmes como Novia
a la fuga, donde se reunió de nuevo con Richard Gere,
y Notting Hill. El público volvió a aceptarla,
sus filmes eran de nuevo auténticos bombazos de taquilla
y la actriz se convirtió en la mejor pagada de Hollywood.
Había llegado la hora de regresar a los papeles serios
y se decidió a hacerlo con Erin Brockovich (2000),
un filme dirigido por Steven Soderbergh. Aquí, Julia se
transformó en una madre de tres hijos, una mujer desaliñada
y sin estudios que lucha de forma incansable contra la compañía
de servicios Pacific Gas & Electric. El resultado:
su primer Oscar, tras cuatro nominaciones.
Ahora Julia Roberts es más inteligente,
sabe que su fama es su mejor patrimonio y ha decidido no separarse
de la imagen que sus compatriotas tienen de ella: una chica sencilla
y encantadora, una buena actriz por momentos. Por eso en sus próximos
estrenos será una novia mosqueada en El Mexicano
y otra dulce cenicienta en America´s
Sweetheart. Pero no se engañen, ella lo quiere
todo y también prepara junto a Steven Soderbergh Ocean´s
Eleven, donde será la reina de un reparto de lujo.
Para eso vuelve a ser la "novia de América".
|