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El destino de Heath Ledger era ser actor. Desde
que abandonara la casa de su padre en la calurosa ciudad australiana
de Perth rumbo a Sidney con solo 69 centavos en su cuenta, la
suerte le ha sonreido de lo lindo, hasta colocarle en el primer
plano de Hollywood. Por el camino, Ledger había dejado
ya algunas ambiciones: una prometedora carrera en el mundo del
hockey, unos padres divorciados y tres hermanas que, como él
mismo afirma, le ven casi como un extraño. "Si trato
de regresar a Australia tanto como puedo es sólo por ellas",
afirma. Y es que ahora le reclaman, y de qué forma, en
Estados Unidos, donde tiene proyectos pendientes de tanto calado
como Four Feathers con Wes Bentley o (aunque esto aún
es sólo un rumor) el papel de Lestat el vampiro en The
Queen of the Damned.
Pero
los inicios de Ledger en el mundo de la actuación tienen
sus raíces en su ciudad natal, Perth, en concreto en la
Globe Shakespeare Company, una pequeña empresa teatral
en la que seguía los pasos de su hermana mayor Kate."Sencillamente
me encantaba actuar allí. Pestañeaba y allí
estaba yo, sobre el escenario. Y además me estaban pagando
por ello. Sentía que las puertas se iban abriendo y yo
empezaba a pasar por ellas". Por aquellos días, el
protagonista de Destino de Caballero repartía su
tiempo entre la actuación y su otra pasión, el hockey,
además de dedicarse a bailar en su tiempo libre.
Cuando acabó el instituto, acompañado
de su mejor amigo, Trevor di Carlo, Ledger dirigió sus
pasos hacia Sidney en busca de mejores oportunidades. Y tuvo suerte.
A las primeras de cambio obtuvo un papel de cierta importancia
en el drama adolescente Blackrock y eso le catapultó
hacia el mundo de la televisión, donde apenas se le consideraba
como un chico guapo. Pero él apostó por papeles
arriesgados, escogiendo interpretar a un ciclista gay en "Sweat",
una teleserie sobre las esperanzas olímpicas de un grupo
de jóvenes australianos. Sin abandonar el mundo televisivo,
Ledger dio un salto de calidad protagonizando el drama medieval
"Roar"; allí el actor australiano interpretaba
a un principe y guerrero celta. "Era una especie de version
de Braveheart, pero estaba bien rodada y tenía un
guión medio decente". Él ya andaba buscando
papeles por Estados Unidos y la oportunidad llegó con Two
Hands, una joven comedia negra que, irónicamente le
llevó de nuevo a Australia. La película pasó
por el Festival de Sundance, pero el público americano
no la comprendió muy bien. Ahora las puertas estaban abiertas
y la oferta que Ledger consideró fue Diez razones para
odiarte, una comedia adolescente, con toques románticos,
en la que compartía pantalla con una de las nuevas "reinas
de la hormona", Julia Stiles. La película fue un éxito
y los guiones, más o menos, similares comenzaron a llegar
en masa.
El
éxito aparecía y el joven australiano se lo tomó
con calma, tomándose un año antes de afrontar su
siguiente proyecto: El Patriota junto a Mel Gibson. Heath
tuvo que competir con otros doscientos jóvenes, entre los
que se encontraba otro icono adolescente emergente, Ryan Phillipe.
Al final, el papel fue para él y el propio Mel Gibson fue
el encargado de lanzarle con encendidos elogios. "El chico
tiene una poco frecuente combinación de una buena presencia
y pocas pretensiones", afirmó el bueno de Mel. Ahora,
instalado en los cómodos aledaños de la fama, Heath
Ledger disfruta de su mejor momento tras el estreno de su filme
Destino de Caballero, donde interpreta a un escudero con
aspiraciones a convertirse en héroe. Se lo pasa bien y
elige sus papeles con auténtico desparpajo (se permitió
rechazar el Spiderman de Sam Raimi) y está dispuesto
a convertirse en el nuevo australiano de moda en Hollywood. Es
la nueva ambición rubia.
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